Para que el niño sea listo, mejor un instrumento musical que la tablet

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En los tiempos que corren, con los dispositivos móviles de todos los tamaños, colores y prestaciones que controlan prácticamente toda nuestra agenda (¿y, por qué no, nuestra vida?), la formación intelectual de los niños parece ir a una velocidad que muchas veces los mayores no alcanzamos a comprender. Por ejemplo: que un chico en sus primeros años de vida pueda vencer en la Play a sus padres; o que pueda manejar mucho mejor los modernos smarthphone de hoy, como reales expertos, es una situación casi tan común como el uso del celular en sí. Los chicos son más inteligentes.

Entonces, el dilema que se plantea es cómo hacer para que los chicos desarrollen esa capacidad para que puedan alcanzar su máximo potencial. Y este es una situación que se planteó desde siempre. Le pasó a nuestros padres con nosotros, a ellos con los suyos y así sucesivamente. Pero, desde luego, no siempre existieron las mismas alternativas.

En los tiempos que nos tocan, donde la tecnología está más presente que nunca en nuestras vidas cotidianas, la ciencia, sin embargo, aporta evidencias de que la mejor forma de ayudar al desarrollo cognitivo de los niños es mantenerlos lejos de los resplandecientes dispositivos electrónicos de hoy (particularmente entre los 1 y 3 años), y acercarlos a las artes, especialmente a la música. Y no sólo para escucharla, sino para crearla.

Actividades artísticas: mejor música que teatro

Un estudio de la Universidad de Toronto, publicado en la revista Psychological Science, comparó a cuatro grupos de niños de seis años. Durante un año, un grupo estudió piano; otro, canto; otro, arte dramático; y otro grupo no recibió lecciones de ninguna clase, aparte de las clases regulares. A todos se les practicaron pruebas de inteligencia antes y después, y se encontró que en los dos grupos que recibieron lecciones de música hubo un aumento en varias medidas de inteligencia mayores que en los otros. El grupo que recibió lecciones de arte dramático también tuvo un aumento, pero no fue en las áreas relacionadas con el desarrollo cognitivo, sino en las de conducta y adaptación social. El grupo que no recibió lecciones registró un aumento menor en las pruebas.

Dispositivos tecnológicos: a partir de 3 años

El uso frecuente de estos dispositivos por parte de menores de entre uno y tres años puede afectar no sólo a su cerebro, sino también a sus capacidades de desarrollo social y emocional. Así lo determinó un estudio de la Universidad de Boston, que fue publicado en la revista Pediatrics. Los teléfonos inteligentes (smartphone) y las tabletas generan estímulos tan rápidos e intensos que el cerebro de los pequeños no tiene la capacidad suficiente para controlaros. “La tecnología nunca va a mejorar la capacidad de inteligencia de base. Puede ser un complemento y fomentar algunas cualidades, pero nunca va a mejorar el patrón de fondo”, le explica al diario El País, Maximino Fernández Pérez, pediatra del centro de salud de La Felguera (Asturias), psicólogo y vocal de Psiquiatría Infantil de la Sociedad Española de Pediatría (AEPED).

Otras formas de estimular la inteligencia de los niños

Pero hay otras muchas cosas que se pueden hacer en la vida cotidiana para estimular el desarrollo cerebral de los niños y también otras muchas que tienen buena fama pero en realidad no son tan útiles.

– No sirven los videos con imágenes y música para menores de 2 años: Se trata de esos viejos videos que principalmente se comercializaban en DVD, aunque ahora se pueden encontrar en YouTube. En ellos hay imágenes sencillas de dibujos, muñecos o niños que van pasando al ritmo de piezas de Mozart o Beethoven. Se comercializaron con la idea de ser educativos, pero, tras un litigio, la compañía (Disney) terminó por anunciar que devolvería el dinero a quienes se sintieran afectados porque, después de verlos, sus niños no parecían más listos y porque hubo estudios que así lo desmintieron. De hecho, la Academia Americana de Pediatría advierte de que los menores de dos años ni siquiera deben ver televisión.

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– Programas de entrenamiento cerebral para la memoria a corto plazo: En los últimos años han proliferado escuelas y programas, juegos electrónicos y hasta aplicaciones para móviles con el objetivo de entrenar y estimular el desarrollo cerebral. Sin embargo, ninguno se apoya en sólidas bases científicas. Un grupo de niños de entre siete y nueve años de edad formó parte de un estudio de la Universidad de Cambridge para el que recibieron 25 sesiones de entrenamiento de memoria a corto plazo y comprobaron que, si bien hubo ciertas mejoras en esa parcela, no sucedía lo mismo para otras habilidades más amplias como matemáticas, lectura o escritura. “Si a un niño lo llenamos de conocimientos pero no permitimos que desarrolle su capacidad, no lo hacemos más inteligente. Lo hacemos más sabiondo. Quizá con estos programas parezca que el niño avanza más que sus compañeros en determinadas áreas, pero al final los compañeros lo alcanzan y ellos habrán perdido otras capacidades que tienen que ver con el juego libre y el desarrollo de la creatividad. El desarrollo cerebral no es un proceso que pueda acelerarse sin perder sus propiedades”, asegura Álvaro Bilbao, doctor en Psicología, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres..