Papa Francisco celebra misa en Michoacán y pide no caer en la resignación

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El papa Francisco inicia su quinto día de actividades en México, este martes llegó a Morelia, capital del estado de Michoacán, una de las entidades más violentas de México.

En el aeropuerto de Morelia, el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, recibió al papa Francisco para después conducirlo a un helicóptero que lo llevó a la capital estatal.

Durante su homilía en Morelia, reunido con 20 mil religiosos, el papa Francisco les pidió no caer en la tentación de la resignación.

El papa los invitó a orar para no caer en la tentación. «El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos de ayer y de hoy no cayéramos en la tentación».

«¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos podría asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener una y otra vez frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?», cuestionó.

«Creo que la podemos resumir con una sola palabra: Resignación», dijo.

Resignación que, afirmó, «es una de las armas preferidas del demonio: ¿Y qué le vas a hacer? la vida es así», ejemplificó.

Pidió no caer en «una resignación que nos paraliza, que nos impide, no solo caminar sino también hacer camino. Una resignación que nos atemoriza y nos atrinchera en nuestra sacristía y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos impide arriesgar y transformar».

En la ceremonia en donde se reunió con sacerdotes, religiosos, consagrados laicos y seminaristas de todo el país, el Papa citó al primer Obispo de Michoacán, Vasco Vázquez de Quiroga, a quien llamaron «Tata Vasco», el español que se hizo indio, recordó.

Ante la realidad que vivían los indios purhépechas, dijo, descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas ante esta realidad tan paralizante e injusta.

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