Panama Papers: Así se investigó la mayor filtración de la historia

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Todo comenzó hace poco más de un año en una luminosa oficina en lo alto de un edificio de la calle Hultschiner en Múnich, Alemania, donde está la sede del diario Süddeutsche Zeitung. Allí trabajan los periodistas Bastian Obermayer y Frederik Obermaier, quienes recibieron una filtración con millones de documentos confidenciales de Mossack Fonseca, una firma legal poco conocida pero muy poderosa, fundada en Panamá en los años 70, que tiene sucursales en Hong Kong, Miami, Zurich y otros 35 sitios del mundo.

El bufete panameño es una de los mayores creadoras de empresas fachadas y estructuras corporativas que se pueden utilizar para ocultar al verdadero propietario de bienes y fortunas.

La filtración contenía miles de correos electrónicos enviados a través de las oficinas de la firma panameña, acompañados de millones de documentos: escrituras legales, certificados bancarios, copias de cheques, pasaportes, declaraciones juradas, tarjetas de identidad, títulos de propiedad, facturas y una infinidad de correspondencia confidencial que revela la maraña legal que usan miles de personas alrededor del mundo para mover u ocultar su dinero y bienes por medio de paraísos fiscales y sociedades de papel.

Antes que Süddeutsche Zeitung obtuviese la información, las autoridades fiscales de Alemania habían comprado un pequeño archivo con documentos de Mossack Fonseca a un informante secreto, lo que generó redadas en ese país a inicios del 2015. Estos archivos han sido ofrecidos a autoridades del Reino Unido, Estados Unidos y otros países, de acuerdo a un reporte del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés).

En una exploración inicial de los datos, los periodistas alemanes encontraron historias que involucraban a prominentes figuras mundiales. No tardaron mucho en comprender que tenían ante sí la mayor filtración de documentos de la historia. Una base de datos que terminó con un tamaño de 2.6 terabytes, y contiene al menos 11.5 millones de documentos, fechados entre 1977 y 2015. Una tromba de información 2,300 veces más grande que el paquete con cables diplomáticos de Estados Unidos que recibió la organización Wikileaks hace cinco años.

El equipo de Süddeutsche Zeitung trabajó con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación en otros proyectos que involucraban grandes filtraciones, como Offshore Leaks (2013) y Swiss Leaks (2015), así que decidieron compartir la información con esta organización de periodistas con sede en Washington DC De todos modos, limpiar y estructurar de forma comprensible una base de datos de tal magnitud no es tarea fácil, y ICIJ lleva bastante trecho caminado en estas lides.

“Cuando nos dimos cuenta que habíamos encontrado algunas buenas historias internacionales, entendimos que se quedarían sin contar, a menos que compartiéramos los datos”, contó Bastian Obermayer.

Bastian Obermayer (izquierda) y Frederik Obermaier son periodistas de investigación del diario Süddeutsche Zeitung, en Múnich, Alemania. Hace poco más de un año, recibieron de una fuente confidencial la mayor filtración de documentos de la historia, que terminó en una investigación global con 370 reporteros en 78 países.
Durante un encuentro en Múnich, en abril del 2015, el equipo de Süddeutsche Zeitung entregó a ICIJ los primeros discos con la información filtrada.

A partir de ahí, comenzó la ardua labor de estructurar la base de datos, convertirla en algo comprensible y diseñar una plataforma segura para que otros periodistas pudiesen explorar y visualizar la información. Liderados por la periodista española Mar Cabra, jefa de la unidad de datos de ICIJ, los ingenieros Rigoberto Carvajal y Miguel Fiandor, así como el desarrollador Matthew Caruana-Galizia, asumieron esa misión. Un trabajo remoto realizado en Madrid y Costa Rica.

ICIJ llegó a utilizar hasta 35 servidores para extraer e indexar la información confidencial con los archivos de Mossack Fonseca. Sacar e-mails de otros e-mails, someter miles de documentos escaneados a un proceso de reconocimiento de palabras para facilitar la búsqueda de los periodistas, extraer el texto de documentos con distintos formatos, entre ellos millones de archivos html (lenguaje que estructura el contenido de páginas web) y ordenarlos de forma comprensible.

El equipo identificó los países relacionados con cada mensaje y documento a partir de las direcciones contenidas en ellos. Con la data estructurada, la convirtieron en formato de grafos (que utiliza nodos para construir relaciones coherentes entre su componentes) para poder explorar las conexiones entre personas, empresas, oficinas, documentos, cuentas y visualizarlas mediante una plataforma llamada Linkurious.