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lunes, octubre 18, 2021

Cientos de hombres abusan de orangután en un burdel

Redacción. Su nombre es Pony y hace 18 años vive en un refugio para orangutanes, tratando de volver a confiar nuevamente en las personas y sin poder vivir en la naturaleza a causa de los traumas y secuelas que le quedaron de sus años de maltratos.

En 2003, 35 policías armados entraron a un burdel de Indonesia para realizar un rescate de lo más insólito, pues por muchos años en ese lugar habían tenido a una orangutana esclavizada y víctima de abusos sexuales.

Antes de su rescate, Pony era una de las principales atracciones de un burdel en Borneo, al cual acudían trabajadores de una granja de palma cercana, que no tenían mucho dinero para pagar por una buena compañía.

Ella era la “solución” para saciar su apetito sexual por poco dinero, y sorprendentemente era toda una sensación.

Actos sexuales

Era un suplicio diario, Pony permanecía encadenada en el burdel, y cada dos días le afeitaban todo su cuerpo para dejarla “lista” para los clientes. Esto le causaba llagas en la piel, irritaciones, la exponía a los mosquitos y a enfermedades.

También la maquillaban, obligándola a usar labial, mascarillas, vestidos, pelucas, cadenas y todo tipo de artefactos para hacerla “más atractiva”, pero solo la afectaba más.

A Pony la enseñaron a hacer actos sexuales desde muy pequeña, cuando fue arrebatada de los brazos de su madre y vendida al prostíbulo.

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Cuando la rescataron, dicen los expertos, la orangutana ya llevaba mucho tiempo siendo abusada. Un primate de esta especie se queda con su madre entre los seis u once primeros años de vida, por lo que la separación de Pony debió ser muy traumática.

“Pony está viviendo una vida saludable”

Hoy, con 24 años, sigue al cuidado de la Borneo Orangutan Survival Foundation, viviendo en uno de sus centros de rehabilitación.

La terrible historia de la orangután que durante años fue esclava sexual - La Opinión
El caso sorprendió a los rescatistas.

“Pony está viviendo una vida saludable dentro del complejo en estos días. A la edad de 24 años, su condición actual, la falta de habilidades y comportamientos naturales, no le permite ser colocada en otro tipo de recintos”, dice en una comunicación reciente con The Sun el portavoz de la fundación Nico Hermanu.

La fundación cuenta con una isla santuario donde tiene orangutanes rescatados. Sin embargo, Pony todavía no está apta para vivir allí a causa de sus traumas.

“Esperamos que algún día pueda tener la oportunidad de vivir en la isla santuario. En el complejo en el que se aloja, Pony siempre muestra un apetito saludable por las frutas y las herramientas de enriquecimiento que le brinda nuestro equipo”, agrega.

“Fue horrible”

Nadie sabe exactamente cuánto tiempo Pony fue abusada antes de ser rescatada del burdel en Indonesia.

“Fue horrible. Ella era una esclava sexual, era grotesco. Estaba cubierta de abscesos, y le pusieron maquillaje y aretes. Debe haber estado sufriendo mucho. Fue horrible pensar en lo aterrorizada que debe haber estado”, dijo Michelle Desilets, directora de la Borneo Orangutan Survival Foundation UK.

“Cuando descubrí que la usaban para la prostitución y no solo una mascota, me horroricé. Quizás en mi ingenuidad nunca había pensado que fuera humanamente posible hacerle algo así a un animal”, dijo Lone Droscher Nielsen, parte del equipo que rescató a Pony en 2003.

Ese rescate necesitó la intervención de agentes armados de la policía. “Fueron amenazados con pistolas y cuchillos (los rescatistas). La señora (dueña del burdel) lloró amargamente cuando se llevaron a Pony”, contó Michelle.

El proceso para readaptar a Pony

Cuando por fin la liberaron de sus cadenas, Pony se encontraba en una condición física horrible, con la piel gravemente infectada.

“Conocí a Pony poco después de que la rescataran. Su resistencia es asombrosa. A pesar del trauma, mantuvo la dignidad y el sentido del humor. Tenía la mejor personalidad y aprendió a confiar muy rápidamente, a pesar de lo que había pasado”, agregó Michelle.

El proceso para readaptar a Pony no fue sencillo, primero tuvieron que hacerla confiar nuevamente en las personas. Tuvieron que aislarla de hombres, pues no confiaba en ellos, y poco a poco hacerla sentir segura nuevamente.

“Después de su cuarentena, la llevábamos al bosque con los orangutanes más jóvenes, todavía solo mujeres”, explica Lone.

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