Oposición, dilación y ataque

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Héctor A. Martínez
(Sociólogo)

El poder en un sistema político, es un complejo orgánico que rebasa la capacidad imaginativa y racional de los hombres, de tal suerte que se requiere algo más que entusiasmo para obtenerlo. Tomarse el poder no es cuestión de alzarse en armas o de esperar que Dios baje la mano para que un grupo de fogosos soñadores –por no decir perversos  adversarios-, pueda entrar en el palacio imperial y sentarse en el trono, donde, les recuerdo, sólo uno cabe.

Ante la debacle guatemalteca que terminó con la caída de Otto Pérez, los revoltosos hondureños que se mantienen gastando zapatos y ánimos en las calles, apuestan a que la instalación de la CICIH es cuestión de días y que nada podrá detener su ambicioso y quimérico plan. Más, para su desgracia, todo es ilusión óptica como la que sufre el sediento en el desierto.

Con el derrumbe de Otto Pérez, coincidió la presencia del Adelantado de la OEA, John Biehl que llegaría, se supone, para terminar de establecer un puente reflexivo entre los sediciosos y el régimen central, y llegar a un acuerdo en donde ambas partes pudiesen llegar por lo menos a un empate político. El régimen, en un acto de expiación y porque sus asesores no distinguen otra salida más honrosa, ha promovido la invitación a la mesa de negociaciones para escuchar lo que ya se sabe y tratar de calmar las aguas turbulentas removidas más por Libre que por el PAC.

Y la dilación, es una buena táctica en política. Pero también lo es perder piezas en el tablero del ajedrez político, muy a propósito, para dar a los enemigos, una sensación de triunfo que, aunque sea pasajera, calma la fogosidad del oponente. Esas piezas ajedrecísticas, en la vieja Roma se entendían como “pan y circo” y lo que la gente quiere ver es, que los culpables de los descalabros institucionales vayan a la cárcel. Pues bien: hay que entregarle al público dos o tres piezas e igual número de funciones, total, se trata de juegos del poder que tienen valor para la sosa oposición, pero que también guardan honra moral para los ciudadanos sedientos de justicia.

Lo de la CICIH es un invento proveniente de la invalidez mental de los líderes de la oposición y un trofeo de caza; un arquetipo simbólico al que se recurre porque la figura humana que debería promover el cambio social es inexistente; se trata de un tótem erótico al que todos los indignados quieren succionar para sentirse alimentados de euforia y de razón justiciera. La CICIH de marras, no es más que un camino de cientos de miles de kilómetros de longitud para llegar al poder, y que, según los del  PAC y Libre, los llevará expeditamente a tan ansiado destino. Los jóvenes esperan pacientes, pero los viejos no están dispuestos a tan larga demora. Y eso causa incertidumbre en sus filas.

Además, la oposición no quiere diálogo sino monólogo: su destino no incluye otra perspectiva que no sea eliminar el régimen y suplantar el poder. Y ahí radica su perdición. En ese río revuelto, en el que la oposición se divide silente, aunque todo aparente armonía, sólo habrá un ganador: el partido en el poder, si éste sabe mover las piezas inteligentemente. Ceder y dilatar, esas son las jugadas clave para que la oposición se relaje, se desmoralice y pierda el escorzo del camino que la llevaría a lograr los objetivos que se ha propuesto.

Mientras se muestre voluntad de cambio y se le da al pueblo lo que espera con ansias, el gobierno podrá dedicarse a sus proyectos de largo alcance que ahora mantiene congelados. Al mismo tiempo logrará bajar los ánimos de los indignados hasta que la luz de sus teas se apague para siempre. Cesión y demora: ahí radica la jugada clave.