Opinión de Rodolfo Pastor: El Cardemal y su final del juego

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Oscar Andrés Rodríguez, cardenal.
Rodolfo Pastor Fasquelle, historiador y escritor.

Rodolfo Pastor Fasquelle. –Ay de ti, si por ti viene el escándalo. Más te vale que te aten al cuello una piedra de molino y te arrojen al mar, dice el Nazareno. Y no que escandalices a un inocente, pueblo. De repente igual de despreciable resultan los que no se definen aún. ¿Han dejado de hacer lo que tenían que hacer, por cobardía? Acaso se declara así, y ¿se sale del closet, ¿Monseñor Cardemal, porque ya tiene alineados a otros que van a seguir sus pasos? ¿Tu también Angel?

He dicho alguna vez que, en vez de un célebre retrato de El Greco el Cardemal a mí me recuerda ciertas pinturas muy populares en el Renacimiento tardío, al óleo sobre lienzo y colgadas en los claustros de las grandes catedrales, las que representan al Infierno lleno de papas y reyes, príncipes y capitanes, envueltos en anaranjadas lengüetas de fuego inextinguible, ojalá purificador.

Hay que pedirles a los fieles que no se sientan ofendidos. A los curas que rechacen esos subsidios que el Cardemal les da para sostenerlos con el dinero de la Universidad y otros menos buenos. Hay que rescatar lo que queda del fuego fatuo y seguir adelante confiando que algo va a pasar, después que se haya ido el diablo.

Como estudioso de la cultura, me resulta interesantísimo ver como arruina su propio fundamento de fe un alto clero que deja de hacer lo que le manda el evangelio, e incursiona en el colaboracionismo cesaropapista. Es algo análogo al fenómeno de una industria de comunicación de masa que se desacredita sola dejando de representar lo evidente, y se instrumentaliza como para encubrir el rechazo de la gente al poderoso. Abdicando así de la credibilidad que es su condición de ser.  Por dinero. Porque es como un suicidio pagado. Es como ver al Papa Pío acoplado a Mussolini. Cuando todo está perdido, cuando JOH se sacude con los últimos estertores del fraude, Oscar Andrés quiere ser el capellán de la mancha brava de la cleptocracia azul. Y anuncia que el problema son las llantas que quemamos. ¿Nuestro odio?

Se ofenden porque le digo tío un montón de beatas, sus fanáticas admiradoras de un estrato que lo ideolatriza. Pero es mi tío. Ni modo. (Nadie puede justificar a su pariente.) Me gustaba que tocara el saxofón, que fuera articulado, que señalara los más profundos pecados del sistema. Recuerdo un tiempo en que estuve orgulloso de él y lo agasajé y asistimos a reunión de familia y le echó una bendición al Museo de La Naturaleza, desaparecido por la Municipalidad de San Pedro Sula. Nunca me han importado los pecados íntimos de nadie, que no dañan a un tercero inocente.

Se le reconocía internacionalmente su esfuerzo por Honduras e incluso se le mencionó como papabile, Poco a poco sin embargo se me fue desdibujando el héroe y apareció el alto sacerdote conformista, acomodaticio e intolerante. No solo estaba dispuesto a apañar el sistema, colaboraba con él. Al tiempo que denunciaba la corrupción en abstracto hacia a un lado todo escrúpulo, para encubrir a los corruptos. Eso sí condenaba con nombre y apellido a toda figura de una tendencia ideológica diversa de la suya. Apodaca abiertamente a un partido reaccionario.

Fue terrible comprobar que callaba y aun distraía la atención frente a un crimen como La Masacre del Río Sumpul el 14 de mayo de 1980 en la hora más oscura de la historia contemporánea del istmo. Aun entrando en conflicto con sus clérigos in situ. El Padre Fausto Milla declaró desde el exilioMi obispo más parece un coronel sin charretera, que un pastor”, para luego concluir con una dura acusación: “Lo que uno no se explica es que nuestros jerarcas superiores, que firmaron documentos como el de Puebla, vengan a ponerse al lado de quienes ese documento de la iglesia condena por ser los interesados en mantener el régimen de la seguridad nacional que significa inseguridad para toda la población y sólo seguridad para los dineros que ellos acumulan”. Que no decía una palabra el Cardemal ante las desapariciones y asesinatos a manos de escuadrones de la muerte del primer lustro de los 80s. O las persecuciones de sus propios sacerdotes. Advierto que no hay que confundir al Cardemal con la religión o el catolicismo. Tampoco. La Iglesia incluso tiene mártires.