Opinión de Larissa Barahona: «En bandeja de plata»

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opinión de larissa barahona
Larissa Barahona, abogada.
Larissa Barahona, abogada.

Nací en una familia liberal. Mi abuelo paterno, el licenciado Tulio Barahona (QDDG), por motivos políticos fue exiliado a la hermana República de El Salvador junto con el desaparecido doctor Carlos Roberto Reina (QDDG).

Mi madre Paulina Fuentes era una entusiasta idealista del glorioso Partido Liberal; creo que ella me impregnó ese amor mayor por el partido y mi padre pues siempre me ayudó a comprender que el Partido Liberal era la institución política donde se promovía la justicia social, por eso convergían ahí las personas decentes que luchaban por su pueblo.

Y es así que desde mi adolescencia me nace el amor por ayudar a los demás a través del Partido Liberal, sin embargo, hoy después de estar contrariada por mis convicciones escribo estas palabras no para crear lástima o lo que se piense después de leer estas palabras dirigida a nadie o quizás a mi conciencia o a mi interior.

Pero lo cierto es que después de sufrir una decepción y una injusta, vil y cruel persecución política en el proceso electoral pasado, volví a dar ese voto de confianza en el liberalismo, pero tempranamente me di cuenta que mi sentir y pensar no eran coherentes ni consecuentes y decidí estar al margen de toda actividad política, no así de apoyar movimientos o causas sociales.

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Siendo honesta, mi contradicción surge porque este domingo recién pasado estaba decidida a no ejercer el sufragio, porque simplemente no creí en el proceso. Dos amigas a quienes quiero mucho me convencieron de salir y una de ellas vino a traerme a casa, dicho sea de paso, ella va como designada presidencial.

La acompañé todo el día en la actividad y poco a poco me resurgió ese amor al Partido Liberal, ver las caras de nuestros dirigentes, correligionarios y amigos con entusiasmo y con esa esperanza del fervor liberal es revitalizante, pero a la vez meditaba si era real o una utopía, luego de ver que dos movimientos se proclaman ganadores al interno del partido me hace replantear la postura hacia la institución.

Para nadie es desconocido que la crisis que se ha generado en el PL desde el golpe de Estado de 2009, y eso se vio reflejado en las generales de 2017 con la peor derrota para el partido por culpa de malos dirigentes, unos que se han servido del mismo para enriquecerse cuando han gobernado y otros que no permiten una unidad políticamente hablando para alcanzar el poder y así, una vez logrando el cometido, gobernar con los mejores hombres y mujeres, porque un partido de inmaculados difícilmente se puede encontrar aunque se podría empezar la cruzada y que se vayan en una candidatura independiente.

Pero sin duda alguna el Partido Liberal no volverá a llegar al poder jamás con una división en donde la característica han sido insultos, descrédito, bajezas y engaños a todos los niveles. Es imperativo fomentar un perfil de cultura política democrática en la ciudadanía, para una selección de candidatos con el perfil idóneo, que sean decentes y representen dignamente a todo un conglomerado para dirigir con equidad a un país tan empobrecido y con millones de necesidades.

Y esto pasa en todos los partidos, no es propio de los liberales, pero en todo caso esas falencias se dan también en el pueblo hondureño que tampoco es culpable de un sistema que lo tiene en pobreza económico y mental.

Resumiendo mi decepción ante todo este proceso electoral interno y mis vivencias en política, puedo afirmar que todo se está sirviendo en bandeja de plata para que el Partido Nacional siga gobernando (algunos dicen que por 50 años, ¡impídelo Señor!), porque una real y verdadera oposición no existe, lo único que se ha evidenciado una vez más son intereses personales de todos los actores de la oposición.

Tenemos ahora polarizada la sociedad en: los inmaculados, los egocentristas, los manos limpias, lado oscuro, los mostaceros, los ñángaras, los intelectuales, los payasos, los “facebookrevolucionarios”, los que no se pierden mítines, pero por Zoom, en fin, en realidad no existe un partido político que responda en este momento a intereses nacionales, pero se podría aspirar a lo más cercano a ello mediante el diálogo y deponiendo egos innecesarios, de lo contrario nuestra Honduras sin duda alguna seguirá como una narco Estado y su institucionalidad cada día más débil.