Opinión de Francisco Tosi: La ciencia y la conciencia amparan a los emigrantes

288
Francisco Tosi

Por Francisco Tosi. -Desde la noche de los tiempos existe la migración. La hacen los animales y en un principio los humanos. Así es que se considera una etapa evolutiva dejar de ser nómadas. A través de la historia los asentamientos dieron lugares, con suerte, a ciudades. Las ciudades  a  Estados y nacionalidades. En la actualidad tenemos una gran cantidad de Estados. Quiero encarar este asunto desde la realidad, no desde la opinión.

¿Cuál es la realidad? Que los Estados a veces engloban diversas nacionalidades que frecuentemente están en conflictos. También los Estados han tenido un progreso diferente que otros. A veces se combinan y potencian estos dos problemas tan graves. Conflictos entre nacionalidades y drama de la pobreza. Aunque con uno solo ya alcanza. ¿Para que alcanza? Para que en la desesperación la persona, la familia, se quiera ir a lugares más prósperos y más libres.

Esta es la realidad que ocurre con Europa, con Estados Unidos, pero también con tantos otros países del mundo. Particularmente hay en el norte de África lugares con situación de guerra interna o conflictos graves, violaciones a los derechos humanos y pobreza. Hay en Europa el estado de bienestar y cierta seguridad y libertad.

En una relación, entre esos lugares de África y los de Europa en lo económico de 1 a 30. ¿Qué separa ambos lugares? Un largo y peligroso viaje. Como demostraron varios historiadores de la economía, desde su perspectiva ideológica, en la historia reciente Europa colonizó África. Quien más, quien menos, se aprovechó de sus recursos naturales, pero también acercaron esos países a instituciones, lengua, costumbres europeas. Obviamente termino mal.

Faltaría estudiar bien cuál fue el verdadero balance. Pero el asunto es que dejaron una especie de vínculo extraño, por un lado ofensivo a las culturas existentes, por otro violento en las luchas de liberación, pero por otro una mezcla remota de resentimiento y cercanía. Para colmo apareció la segunda guerra mundial en aquel teatro de operaciones que revolvió todo. Con eso, en poco más de treinta años se terminó, para siempre el colonialismo. Pero queda el problema de la desigualdad entre unos y otros. Para colmo llegó internet. Además Europa que antes fue tierra de emigrantes en varias regiones, resulta que se desarrolló en un ámbito más o menos aceptable de dignidad y quedó África lejana y olvidada.

Pero ahora el problema de África sigue pendiente. En estos días se está discutiendo con animosidad en la misma Europa que hacer frente a esta dinámica de la inmigración. Primero fue la idea de volcar dinero sobre los Estados africanos. Una especie de plan Marshall, como  fue el gran aporte de dinero de Estados Unidos a Europa tras la segunda guerra mundial.

De paso trabajaban y vendían las empresas europeas. Lo mismo hicieron los organismos internacionales, los rusos, los chinos. Algo se logró pero no lo suficiente. Pero los emigrantes siguen haciéndose a la mar, conducidos por violentos piratas, pereciendo en el piélago o, con suerte apiñándose en los refugios principalmente italianos. Nadie parece querer recibirlos.

Todos se los quieren sacar de encima. Antes trataron de darles dinero a las autoridades de los países africanos de frontera para que patrullen sus fronteras y sus playas y ahuyentaran a los emigrantes y sus sucios empresarios. Pero no resultó y usaron más bien las armas para guerrear internamente. Una calamidad.

Ahora la idea que tienen en Europa parece ser descentralizar campos de refugiados en Túnez, Libia y quizás Albania. Obviamente a cambio de dinero, si bien no aparece claro por ahora. Otra calamidad. Recibirlos en las fronteras europeas tampoco resulta, de nuevo frustración.

Otros, en diversas comarcas se les ocurre construir muros. Cerrar los puertos, poner cadenas. Nada de eso sirve en el largo plazo.

Olvidémonos por un instante de la política. También  la sociología y la realidad de las experiencias que quien tienen emigrantes en su vecindad tan bien conoce. Es decir lo duro que es emigrar y dejar su tierra. La triste nostalgia. La depresión de la lejanía. Olvidemos por un instante. Preguntémonos: ¿Qué pasaría si los países desde donde se emigra pudieran desarrollarse? ¿Qué pasaría si aumentara la seguridad y se fortalecieran las instituciones?