Opinión de Fito Molina: Lo que aprendí del confinamiento

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Por Fito Molina. -Durante los 90 días que llevo sin salir de la casa por la pandemia del Covid-19, me he dado cuenta que no todo ha sido negativo.

Por horas me entretengo observando a las aves y mariposas que pululan por los árboles plantados en la mediana del bulevar de la colonia y los que han crecido en el patio de mi aposento.

Mientras el coronavirus no había aparecido, las acrobacias que los pájaros y las mariposas realizaba habían pasado inadvertidas en mi diario vivir. El afán era el trabajo.

Ahora me deleito viendo las cabriolas, los retozos y los vuelos espectaculares que realizan.

Admiro la destreza que efectúan al sortear todos los obstáculos que encuentran a su paso y en especial cuando a una velocidad increíble se adentran en los árboles para posarse en sus ramas y buscar insectos o gusanos para alimentarse.

Las mariposas de diferentes colores y tamaños, al igual que las aves, vuelan a velocidades extraordinarias, esquivan de manera sorprendente los impedimentos que encuentran a su paso.

Mientras revolotean por los arbustos, algunas se posan en una flor por varios minutos para extraerle la miel y el polen que producen.

Al espectáculo se suma el pájaro Carpintero, el Cucarachero, los Zorzales, los Clarineros, La Chorcha y un Gorrión que es considerado el ave más pequeña de su medio, pero que se vuelve un gigante al volar con una rapidez vertiginosa.

Otra de las peculiaridades de este pequeño pájaro es el de sostenerse en el aire cuando extrae la miel de las flores.

En este menester no pasa mucho tiempo, se mueve con una ligereza espantosa a cada instante.

Una vez que deja el arbusto aparece cinco horas después para seguir extrayendo la miel de las flores que dejo intactas en su primera visita.

El pasatiempo o diversión de las aves inicia a las cuatro de la madrugada, hora en que empiezan a trinar y a desplazarse de árbol en árbol. Concluye cuando el ocaso envuelve al dia.

Con el entretenimiento que observo el desenvolvimiento de sus vuelos, siento que el confinamiento no ha sido tan pesado.

Al contrario,  siento  que en este encierro he aprendido a valorar más la vida, a las amistades que se han quedado y amar mucho más a mi familia.

En lo espiritual sin lugar a duda ha hecho que me acerque más a Dios y a su Hijo Jesucristo.

Fito Molina es un periodista retirado que laboró en diario TIEMPO, edición impresa.