Opinión de Carlos Fúnez: Libertad, libertinaje y corrupción

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Por Carlos Fúnez. -Iniciaremos el presente tema frente a la profunda realidad, que la libertad es el más importante y sagrado de los derechos humanos y que el mismo no puede ni debe ser conculcado ni por gobiernos despóticos, ni por ningún ser humano que piense equivocadamente tomar ese escabroso y aberrante camino.

Los gobernantes y jefes dictadores son personas de muy fuerte carácter y sin sentido de lo que significa la hermandad, ni la humanidad para con sus compatriotas o subalternos.

Estas personas se quedarán viviendo en un abominable pasado y son sordos, mudos y ciegos ante los hechos oprobiosos de las nefastas dictaduras, ya sean estas de la derecha o de la izquierda.

El derecho humano de la libertad en el más alto contenido del vocablo no puede ser negociado con nadie, a menos que por aquellos ciudadanos que no la valoran y que la cambian como mercancía barata por pingues privilegios o por bagatelas económicas.

En un país en donde sus habitantes no tienen un claro concepto de lo que significa y vale su libertad, están irremediablemente condenados a vivir como esclavos y vasallos.

Es ante estas circunstancias que se posicionan la anarquía, el caos y el desorden en un país.

Todo ciudadano que aun a estas alturas no sabe valorar el contenido humano de su libertad, no merece ni el perdón, ni el respeto de sus conciudadanos. Y más temprano que tarde pagara un alto tributo moral por su pobreza de actitud y de carácter.

El ciudadano no debe entregar a nadie lo que es de su legitima propiedad, como es su libertad.

No se puede sin embargo obviar el imperativo que los derechos vienen aparejados con los deberes. El ciudadano que no cumple con sus deberes, no puede reclamar sus derechos. Y en caso de que lo pretenda hacer sus voces de reclamo se ahogaran en el vacío de la indiferencia, la recriminación y el repudio de la sociedad entera.

Compatriotas honremos a nuestra nación que por ella seremos grandes y libres todos los hondureños y hondureñas. No tomemos a la patria de pedestal nuestro para lograr alcanzar de mala forma el tan ansiado poder económico y político hasta llegar a saciar nuestros anhelos y sueños de riqueza y fama.

Si queremos dinero en cantidades mayores pongámonos a trabajar honradamente desde cuando sale el sol hasta el ocaso. Pero no sustraigamos los dineros del pueblo que esos fondos son de todos los hondureños y con mayor justicia de los más pobres y desamparados por los gobiernos y por la misma sociedad.

Esta pobre gente que a veces no tiene ni para comprar un pan para llevárselo a la boca. Mientras otros dilapidan el dinero robado en lujos y vanidades. Esta es por desgracia nuestra realidad histórica.

Nuestro país ha sido pobre desde siempre, pero quizá a muy pocos nos importa el rumbo que tomen los gobernantes y es por ello que ahora tenemos corruptos y sinvergüenzas en toda América Latina.

Antes estas acciones delictivas estaban como escondidas. Ahora ya no porque hemos pasado a una escala mayor de cinismo y corrupción que es la forma mágica para que se consolide la delincuencia.

El libertinaje es la antítesis de la libertad. Aunque el libertinaje nace de una libertad excesiva muy mal concebida y muy mal orientada.

Los seres humanos encausamos nuestra vida por el buen o mal camino. Si este es bueno, bendito sea Dios y si este es malo, maldito sea el demonio.

Todos los seres humanos venimos al mundo a cumplir con ese ciclo evolutivo que Dios nos brinda a todos en la tierra para darnos la oportunidad de que vengamos a pregonar y practicar el amor entre nosotros mediante la buena y sana convivencia humana y que nos comportemos más como verdaderos hermanos.

Pero tenemos que establecer que algunas personas que vienen a esta tierra se apegan a una buena convivencia humana respetando las leyes divinas y las humanas, pero desafortunadamente en el plano de la realidad algunas otras de estas personas no acatan ni el mandato divino, mucho menos que acaten las leyes o mandatos terrenales.

Es este justamente el punto de inflexión donde comienza la debacle humana y así luego aparecen las guerras intestinas, fratricidas, muertes violentas, asesinatos en serie, violaciones, robos, asaltos a mano armada, corrupción y todo tipo de convulsiones y calamidades sociales causadas por bandas delincuenciales del crimen organizado, maras y pandillas que se llevan de encuentro la tranquilidad y seguridad de toda la sociedad por cuya razón vivimos todos los hondureños en sobresaltos y crispaciones.