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lunes, agosto 2, 2021

Opinión de Carlos Fúnez: La ingeniería civil en Honduras

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Retomando nuevamente el final de nuestra agenda que se refiere a la ingeniería civil y su influencia en el desarrollo de nuestro país. Es muy poco significativo lo que podemos decir porque Honduras en su última década del presente siglo, no ha tenido adelantos significativos de mencionar. Por el contrario, vemos un país totalmente empobrecido y atrasado en todos los aspectos. Entonces partiendo de esta incontrovertible premisa, la función de los ingenieros civiles se encuentra inmersa en un mar de corrupción e irrealidades. La pérdida de nuestros valores morales y ciudadanos es muy evidente con muy contadas y honrosas excepciones. La mayoría de la ciudadanía hondureña ha sido completamente salpicada de ese terrible y degenerativo mal que tiene totalmente paralizada nuestra endeble economía nacional.

Yo no conozco ningún caso en ningún país, que haya perdido su amor patrio, su honra y su dignidad y luego regrese a la normalidad.

Nosotros hemos perdido todas las posibilidades de crear fuentes de trabajo que permitan inyectar un poco de oxígeno a nuestra economía. Miro como caso imposible porque somos un país que ha caído para siempre en una gran crisis económica y de valores morales y cívicos en que ya nada le importa a alguien. Ni siquiera a los demás compatriotas. Nadie quiere luchar por el rescate de la patria. Bueno pues, moriremos huérfanos de patria.

En cuanto al Colegio de Ingenieros Civiles está cumpliendo a cabalidad lo que muchos colegas así piensan, que la única y sagrada misión del CICH es cobrar religiosamente las cuotas del colegio a todos sus afiliados.

Estamos en el mero vórtice de una pérdida de todos los valores humanos, sin que ninguna mano tenga la buena intención de rescatarnos.

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El mal cancerígeno de la corrupción que ya se hizo presente en casi toda la sociedad hondureña le siguen creciendo sus tentáculos. Somos ya lamentablemente un país de delincuentes y corruptos. Y digo esto porque es el rumbo que está tomando con muy raras y honrosas excepciones la comunidad hondureña.

Yo pienso que estos males degenerativos han salpicado fuertemente a todas las empresas tanto privadas como estatales. Estas primeras fueron para todo el país por muchos años baluartes de la honradez y la honestidad, pero nunca se tomó desde su inicio la fecunda idea de sacar las manzanas podridas que nos arruinarían todas las demás. Estos para mayor desgracia son males progresivos sobre todo en países donde ya tienen su asiento la impunidad y la ilegalidad. Países que yo suelo llamarles sin Dios ni ley.

A las directivas presentes y futuras del colegio les pido que no lo dejen morir por la inercia tanto de los directivos como del tribunal de honor, a quienes quiero recordarles que tanto las leyes de la República, como las del tribunal de honor fueron hechas para que se cumplan. De lo contrario la historia los castigará a todos los que debieron cumplir con todos los mandatos legales y no lo hicieron.

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