Opinión de Carlos Fúnez: La ingeniería civil en Honduras

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opinión de carlos fúnez
Carlos Fúnez, ingeniero civil con más de 50 años de experiencia profesional. Fue gerente general del Instituto Nacional de la Vivienda (INVA), gerente de Operaciones de DIMA y gerente de Servicios Técnicos de la Tela R.R. Co.
INICIOS DE LA INGENIERÍA CIVIL EN HONDURAS

En este interesante tema podemos decir que, en tiempos pasados, pero no tan remotos, de nuestra profesión en el país la mayoría de las personas nos conceptualizaban o como dijeran otros nos describían o nos pintaban como profesionales con poca instrucción general, pero con grandes conocimientos en las ciencias exactas, materias sumamente áridas y muy difíciles que la mayoría de las personas, incluso a los que abrazamos la carrera de la ingeniería civil, tampoco nos gustaban mucho.

La idea casi generalizada de las personas era que los ingenieros civiles no sabíamos nada más que matemática y que nuestra capacidad profesional, intelectual y formativa se circunscribía a estos limitados conceptos.

El ingeniero civil era considerado como un hombre rústico y con muchas aristas de incultura, de rostro agresivo, desafiante y mal encachado como el de Gabino Barrera, el famoso matón de la conocida canción mexicana.

Los ingenieros civiles vestíamos a estilo campesino, con camisa y pantalón de kaki o azulón, zapatos burros o botas vaqueras, sombrero de palma y anteojos de sol de los más baratos que los vendían en Comayagüela en el mercado Mama Chepa y en el mercado Los Dolores de Tegucigalpa.

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Teníamos también mucho cuidado de no andar muy limpios y olorosos a Pachuli porque nos podían juzgar muy mal. El Pachuli era el mejor perfume que se usaba en esa época porque se hacía sentir su olor a más de una cuadra de distancia.

Los catedráticos nuestros iban desde muy buenos a muy malos. Estos últimos eran demasiados celosos de que la mayoría de alumnos de su clase pasaran el curso por precaución de que al graduarse les quitaran la chamba a ellos. Los catedráticos malos eran grandes “cometas” (faltistas).

Porque casi no llegaban a dar su clase y de todas formas cuando llegaban solo era para decirnos estudien de la página “X” a la página “Y” del libro de texto y pasado mañana será el examen mensual. Otros de los malos catedráticos eran jayanes, malcriados e inclusive algunos de ellos alcohólicos. Había un catedrático que casi no llegaba a dar su clase y cuando lo hacía, estaba borracho o de goma. Llevaba su pachita de guaro en la bolsa del pantalón y a media clase se iba atrás de la puerta del aula a tomarse su trago para la goma. Había otro ingeniero catedrático de los demasiado estrictos, que le tocó examinar en la tesis de graduación a uno que fue su alumno y cuando el examen terminó y le entregaron el título al alumno, este le dio una palmadita en la espalda al que fue su profesor y examinador y le dijo: “Ahora si ingeniero, espero que me deje de molestar… Porque estamos de torre a torre”. Seguidamente se escuchó al unísono una fuerte carcajada y un fuerte aplauso del público asistente.

La carrera de ingeniería civil estuvo vedada muchos años para el sexo femenino, por cuestiones de puro machismo, pero lógicamente la ley no lo prohibía y después de muchos años hubo una mujer que para todos nosotros fue una heroína porque venciendo todos los prejuicios se matriculó, estudió y se graduó como ingeniera civil con altas calificaciones y honores especiales. Hablamos de la ingeniera Irma Acosta de Fortín (QDDG) que fue por muchos años el símbolo de la ingeniería civil en Honduras, porque ella fue la primera ingeniera civil graduada en Honduras. Irma Acosta de Fortín fue también una política prominente del Partido Nacional que se desempeñó en cargos relevantes de la administración pública y en la docencia universitaria de Honduras. Los que tuvimos el honor de ser sus alumnos siempre hablamos de su reverente memoria con el mas vivificante recuerdo y gratitud por sus varios consejos y enseñanzas. Descanse en paz una de las más grandes glorias de Honduras.

LA INGENIERÍA CIVIL Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO DEL PAÍS

Comenzaré este comentario manifestando que en mi concepto, todos los profesionales de todas las disciplinas de la ciencia, el arte y la tecnología no solo en Honduras, sino en todo el mundo, tienen una función, técnica, científica, artística y patriótica que ofrecer a su país, porque como hemos oído repetir tantas veces por doquier que la patria no debe ser pedestal de ninguno de sus hijos y como dijo el gran estadista norteamericano John F. Kennedy: “No preguntes qué puede hacer tu patria por ti, si no que puedes hacer tú por tu patria”. Frente a esta categórica aseveración, no queda más alternativa que cumplir con este mandato imperativo y categórico de servir a la patria de forma irrestricta, incondicional y desinteresada. Ya ha pasado mucho tiempo y la patria sigue en riguroso duelo como todos los familiares que han perdido sus seres queridos a causa del COVID-19, lo que nos tiene viviendo en aciagos días, meses y quizás años de agonía psicológica; pero Dios se encargará de que nos quede calor, coraje y fe a los que somos abuelos y padres para reanimar a toda nuestra familia. No podemos desconocer la verdad que estamos viviendo una tragedia colectiva mundial muy fuerte e ingrata y que aún desconocemos hasta dónde nos llevará el duelo de la patria en que hasta hoy seguimos viendo grandes nubarrones en su horizonte. Pero sí sabemos que Dios es muy grande, infinito, poderoso y misericordioso y que se hará presente en Espíritu para protegernos en cualquier transe de nuestra vida. Oremos con fe y confianza que El Señor cumplirá su sagrada misión de proteger a todos sus hijos.