Opinión de Dennis Starkman: Y ahora, ¿Qué nos Espera?

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Por Dennis Starkman. -Terminó el proceso electoral y se declaró a un ganador. No hubo explosiones de júbilo a su favor, ni caravanas, ni fiestas. Todo ha sido muy sosegado, muy discreto y hasta la ceremonia de toma de posesión estuvo rodeada de enorme incertidumbre porque no se sabía, sino hasta el último minuto, dónde se habría de celebrar.

Por lo tanto, debemos preguntarnos qué es lo que nos espera realmente y determinar si en realidad podemos respirar aliviados porque se impidió que los comunistas llegaran al poder, como nos ha querido hacer creer el gobierno.

En primer lugar, necesitamos un diagnóstico. El sábado recién pasado se celebró una ceremonia de toma de posesión presidencial. El candidato ganador no tenía derecho a ser candidato y aún así, su candidatura fue inscrita con el fundamento de una sentencia emitida por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia respecto de un asunto para lo cual no era plenamente competente y que además ocupaba el cargo de manera ilegítima porque sustituía a magistrados que habían sido destituidos sin que hubiese causal legal justa ni válida.

Por lo tanto, es un presidente ilegal, sustentado de manera fraudulenta y por la fuerza de las armas y en consecuencia, es ilegítimo. Además, controla todos los poderes del Estado, así que no tiene porqué rendir cuentas ante nadie.

Por otra parte, no ha habido inversión que generase empleos. Durante ocho años no la ha habido. En algunos rubros sí, como transporte, telecomunicaciones, algo de infraestructura. Pero, ¿Empleos nuevos y bien pagados? Más allá de unos cuantos centros de llamadas, no lo ha habido. Las maquilas se trasladan a Nicaragua. La electricidad se hace más escasa y más cara. Igual el combustible. Las carreteras siguen en mal estado. Las leyes no se respetan, los juicios no se resuelven y las cárceles están nuevamente llenas de gente sin sentenciar, pero además, por reos que controlan el sistema penitenciario.

Con ese panorama, ¿Podemos esperar inversiones, empleos y crecimiento económico vigoroso que resulte de una política económica inteligente?

Estamos además sumamente divididos. En gran medida, esa división contribuyó para que esa persona que se hace llamar presidente pueda seguir gozando de los privilegios de la presidencia. Teniendo la posibilidad de contribuir, desde hace años, para reducir la confrontación entre hondureños, no lo hizo, ni lo hará ahora.

Esa división entre hondureños será la gran fortaleza del gobernante para permanecer ilegítimamente en el poder. Los hondureños deben hacer una introspección muy profunda, porque una república dividida no logra defenderse de los tiranos. El ejemplo de Venezuela salta a la vista desde lejos.

Ese diálogo que el jefe de estado promueve es la treta más peligrosa de todas. Mediante ese diálogo pretenderá elaborar una constitución que probablemente ya tiene escrita y la presentará al mundo como el resultado de su magnanimidad como estadista, apaciguador de revoltosos.

Es necesario tener mucho cuidado ante ello, porque él desea sobre todo, permanecer en el poder durante décadas. No para hacer el bien, sino para cosechar los excesos, lujos y privilegios que se obtienen abusando del poder.

Por su parte, los hondureños aspiran a una república democrática, con libertad, bienestar y prosperidad. Son aspiraciones justas y válidas para toda nación, y no lo lograrán los hondureños mientras ese señor gobierne. Nunca.

El diálogo verdadero debe fluir entre los hondureños con la intermediación de la Organización de los Estados Americanos en el marco de la Carta Democrática Interamericana y jugando un papel como mediador entre el gobierno y los republicanos. No veo qué se pueda deliberar con el gobierno. Hacerlo sería darle la apariencia de la legitimidad que no tiene.

Los republicanos deben dialogar entre sí para que resulte con claridad lo siguiente:

  1. Desconocimiento del ilegítimo gobierno
  2. Consolidar una capacidad operativa para producir diagnósticos y crear los proyectos de autogestión y de acción política para hacer las reformas legislativas necesarias por vía de la Iniciativa Ciudadana que permitan además hacer un frente común y sólido para recuperar pacíficamente la legitimidad de un gobierno futuro sobre el fundamento de la Constitución de 1982; y además,
  3. Impedir la promulgación de una nueva constitución

El apoyo de la OEA es crucial para que podamos lograr esto sin el temor a las represalias, la represión y la violencia manifestada por la Policía Militar, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, además de las campañas de desprestigio y descarada manipulación de las que puede presumir la prensa nacional.