Ocho voces convocadas en La Ceiba

300

Marco Tulio Del Arca

… y comulgamos largo tiempo, unidos.

José Luis Quesada

 Frente al oído del puerto se abrió la palabra de ocho poetas que desde aquel puerto deleitarían al mundo con la esencia de sus inspiraciones. La Ceiba era entonces una guitarra de lunas, de arena y de sol. Sí, La Ceiba era una fiesta. Un idilio   puntual hasta en los pies del visitante. Sin duda, era la ciudad que conocieron y amaron nuestros años lejanos. Hoy, sigue siendo una flor hermosa pero llena de luto. Me duele su edad .Sin embargo, el canto de los ocho convocados acentúan la dirección del pensamiento y del respeto, cada quien con un trazo característico, con sus armónicas letras y sus vagones de luminosas inquietudes e íntimas manifestaciones culturales. A ellos jamás los picó la víbora de la intriga y menos los cuervos de la hipocresía, por eso fueron y son los creadores de un movimiento que dio vida, orientación y pasión a diversas generaciones. Ellos en su momento moldearon la idea, simbolizaron otros caminos de doradas esperas, se hicieron escuchar en los vientos de un grito distinto que hizo vibrar los espejos de un tiempo que ya anunciaba diversos   aires en los horizontes de aquella palabra que se animaba a explotar en las avenidas de la Patria.

Fueron poetas de verdad. Bajo el arco de la preocupación y la protesta, a su manera hicieron   distintos senderos que lograron conocer sus creaciones   enmarcadas, a veces, en un sincretismo inesperado o en un enfoque sinóptico   que en plena empatía lograban una sintaxis firme, dignificante, vital, definitivamente injerta en el claro manejo del lenguaje y del tratamiento relativo a las causas especiales de la gramática y de los positivos ritmos de la estructura literaria. Cada poema nos enseñaba una propuesta. Nos mostraba una luz. Una exaltación definida, un concepto virtuoso, convincente y totalmente conformado por el trabajo permanente, la disciplina juiciosa, el desvelo y la seriedad de la labor que cada uno tenía. Fueron poetas amigos algunos, otros conocidos, pero en definitiva todos llegaron a sembrar un astro en los patios de una época que dio mucho al pundonor, al lirismo, la musicalidad, el esmero y a la exaltación de la interioridad poética. Algunos en la actualidad están lamentándose de la estupidez, del latrocinio, de la impunidad, la corrupción y la sinvergüenzada imperante, otros ya ven desde las raíces de los árboles hechos un frío silencio las tristes hojas que han crecido encima de sus huesos.

A ellos nuestro sincero reconocimiento. La poesía en diversos corceles se repitió en los espacios de la existencia y le dio una señal visible a los noveles escritores que de pronto comenzaron a ser partícipes de un contenido visceral y justo que emergió de la robusta poesía de José Adán Castelar, Tulio Galeas, Francisco Aquino Pérez, Julio Fonseca, Nelson Merren, Marco Tulio Miro, José Luis Quesada y Carlos Ramírez, dinámicos, capaces, dignos representantes de un amanecer que irradiaría de contundentes raciocinios intelectuales las diversas alamedas de la Patria.

Hermanos esforzados, visionarios y con preceptos de alta moral y profundos criterios. Sus elementos estaban signados por el amor, la justicia, el entorno marino, el fuego social, la ironía y la conceptuación paradigmática de la honestidad y de la épica elevación que cela el vuelo delgado de las mariposas y la inocencia artística de los peces que musicalizan las piedras que se besan en la enigmática mirada de la cruz del perdón. Quizá, la presencia de un barco, los panes bululos o el bramido del tren nos motiven para referirnos después a la vibrante y ejemplar VOZ CONVOCADA de la cálida, atractiva y siempre romántica ciudad de La Ceiba. Ojalá.