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Tim Kaine en su juventud junto a estudiantes de El Progreso.

EEUU.- En septiembre de 1980, mientras mucha violencia y guerras civiles entraban en erupción a lo largo y ancho de Centroamérica, un callado estadounidense dejaba Harvard para hacer un voluntariado con los misionarios Jesuitas en el norte de Honduras.

A su alrededor, la dictadura militar respaldada por los Estados Unidos cazaba marxistas y hostigaba al clero católico por predicarle «empoderamiento» a los campesinos. Pero algunos locales también observaban con recelo al barbudo y joven Tim Kaine.

Unas pocas horas hacia el Sur, la CIA utilizaba a Honduras como base de operaciones en su guerra encubierta contra el comunismo latinoamericano- con fuerzas derechistas entrenando para operaciones en El Salvador y Nicaragua.

«Algunas personas se preguntaban ¿quién es este tipo?, ¿qué está ocurriendo?», dijo Tim Kaine en una entrevista. Pero él sabía bien por qué: sus mentores del sacerdocio le habían recomendado ser cauteloso con otros estadounidenses en Honduras.

«Era una época de tanta intriga y sospecha», recordó Tim Kaine.

Tim Kaine, el potencial Vicepresidente de Estados Unidos, era por aquel entonces un joven católico en una encrucijada, inmiscuido en una transformación espiritual que estaba concretando mientras experimentaba la situación de los más pobres de Honduras.

Fue en ese país que Kaine adoptó una interpretación del evangelio conocida como «La teología de la liberación», la cual promueve el cambio social para mejorar las vidas de los oprimidos.

Fue en Honduras que cambió su tradicional oración para bendecir la mesa a la hora de la comida por: «Señor, dale pan a aquellos que tienen hambre y hambre de justicia a aquellos que tienen pan».

Los líderes de la milicia hondureña, oficiales estadounidense de la CIA y hasta el Papa Juan Pablo II miraban La teología de la liberación con recelo. Les parecía que le inyectaba creencias marxistas a la educación religiosa.

Pero fue precisamente la teología de la liberación la que moldeó la posterior carrera política de Tim Kaine: como abogado luchó contra casos de discriminación, se convirtió en un alcalde liberal, y ascendió hasta ser un gobernador y senador hispanoparlante siempre enfocado en América Latina.

También le dio una visión más oscura del comportamiento de Estados Unidos. «Fue todo una experiencia para mí porque Estados Unidos estaba haciendo cosas muy malas», dijo. «Me enfureció mucho. Todavía me siento así», agregó.

Los nueve meses que Tim Kaine vivió en Honduras como voluntario dejaron una marca indeleble en él. Para una hoja informativa de 1981, Tim Kaine escribió el siguiente poema inspirado en Honduras:

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Tim Kaine junto a su esposa en la actualidad.

Tras asentarse con su esposa en Richmond, Virginia, Tim Kaine declaró que su experiencia con la teología de la liberación lo había «cambiado y vuelto más profundo».

El señor Kaine ha seguido apoyando a los misioneros de la ciudad de El Progreso y hace poco visitó las tumbas de sus mentores en dicha ciudad.

Por JASON HOROWITZ para el New York Times.

Selección y traducción al español por Darío Cálix.