«Me vine porque no teníamos qué comer»: la solitaria odisea de un niño inmigrante

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Muchos niños y jóvenes sueñan reunirse con sus padres, a quienes hace años que no ven.

A Diego, un adolescente de 17 años, le han prestado un teléfono a la orilla del río para llamar a su madre, que partió a Estados Unidos cuando él tenía apenas un mes.

«Ella se puso a llorar y yo me puse a llorar también porque son 17 años de no verla. Siento un gran vacío en mi corazón y ese vacío quiero volverlo a llenar con su amor», cuenta.


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