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lunes, octubre 18, 2021

Nelson Salgado, el artista superviviente que llena de color el suelo de «La Peatonal»

TEGUCIGALPA, HONDURAS. La búsqueda de su sueño casi lo mató, pero a la larga, simplemente no podía dejar atrás esa pasión que traía arraigada en sí. Aunque su barba ya se llenó de las marcas de la experiencia, él nunca paró de colorear el mundo.

Echado sobre el adoquín de la calle peatonal usted encontrará un hombre. No se trata de un méndigo, o algo por estilo. Aunque, si usted desea, puede dejarle una retribución económica; él, con suave voz, sin soltar su pincel, le agradecerá.

Quizá usted tiene más presente en su cabeza el arte urbano que suele engalanar el suelo de ese cruce donde centenas de personas, aún en plena pandemia, circulan. Lo que tal vez no le sonaba es el nombre del artista.

Ahora con la necesidad de colocarse un tapabocas y  de mantener un poco más la distancia, Nelson Salgado no abandona su quehacer pintoresco, mismo que empezó hace seis años en ese sitio.

Él es quien ha resistido; él es quien permite que el Paseo Liquidámbar siga exhalando arte a pesar las condiciones exógenas tan atemorizantes. Antes, el pasaje solía verse envuelto de artistas de todo tipo, desde grupos musicales a estatuas humanas.

Lo que no cambia es que tal vez usted tenga que adentrarse en un juego de «rayuela» mientras transite por ahí, pues no querrá dejar la huella de su zapato sobre la vividez artística.

Las proliferas manos del muralista de 60 años dan un toque singular a la plaza, cuyos visitantes únicos o recurrentes siempre se maravillan; hay una garantía de extasía que no se pierde.

Vasta trayectoria

Además, en sus 45 años de experiencia en el mundo del arte, Salgado suma unos 60 murales. Algunos de ellos son perceptibles en el barrio la Leona y en la Fuerza Aérea Hondureña. También inspiran la academia, pues hay otros en el campus capitalino de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Es un hijo pródigo de la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA); allí se paseó de pintura en pintura por tres años. Después, se quedó por un año más como maestro. Claro, tenía un «don» que transmitir.

Además, aunque recuerda con dificultad, expresa que ha trabajado en Olancho, San Pedro Sula, y en varias instituciones públicas. Él asegura que su propósito principal siempre es «sacar del hondureño el instinto primitivo para admirar lo bello».

Hasta la muerte con el arte

Es importante conocer que casi lo pierde todo por el amor a lo suyo. Es más, ese es el motivo por el que él afirma que no llegó más allá con sus habilidades. Y es que, Salgado relata que el plomo que trae consigo el óleo le daño la mielina de su cerebro.

«Mató mi motor fino», acotó. Aunque, seguro que, aún «dañado», cualquiera hasta pagaría por tener las posibilidades de dibujo que él maneja. Sea como sea, aquella experiencia lo dejó incluso hasta en silla de ruedas por seis años.

En ese tiempo, no podía siquiera hablar; mucho menos escribir, pintar o caminar. Pese a que el diagnóstico médico le avizoraba repercusiones que lo dejarían marcado para siempre, él venció la expectativa. Nelson Salgado continúa con su arte y seguirá dejando algo que admirar a cada transeúnte.

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