Redacción. La capacidad de anticipar inundaciones con mayor precisión dio un salto cualitativo gracias a un nuevo método que mide la nieve desde el espacio.
Esta innovación promete transformar tanto la gestión de recursos hídricos como la prevención de desastres naturales. Investigadores de la NASA y de agencias canadienses avanzan en el cálculo exacto del equivalente en agua de nieve (SWE), un parámetro clave para estimar cuánta agua liberará la nieve al fundirse.
Esta información incide directamente en la seguridad de comunidades vulnerables y en la planificación agrícola.
Durante la última década, las técnicas de teledetección espacial se consolidaron como una de las vías más prometedoras para estos fines.
Las misiones lideradas por la NASA y las agencias canadienses desarrollaron radares capaces de penetrar la cubierta de nieve. Sin embargo, según detalló Meteored, los radares convencionales presentan limitaciones, especialmente en zonas boscosas o montañosas.
Un estudio basado en la campaña SnowEx 2020 en la Sierra Nevada de Estados Unidos demostró que combinar datos ópticos con mediciones InSAR de radar de banda L —que miden el movimiento y la deformación del terreno con precisión milimétrica— reduce notablemente los errores en la estimación del SWE, incluso en terrenos complejos.

Estudio
Jack Tarricone, investigador del Laboratorio de Ciencias Hidrológicas de la NASA, destacó la relevancia de la integración de datos. “Seleccionar los datos correctos y combinarlos es fundamental para obtener resultados fiables».
«El enfoque multisensorial es el camino para anticipar el comportamiento de la nieve”, aseguró en diálogo con Meteored. La propuesta utiliza múltiples fuentes satelitales para aumentar la precisión y establecer un nuevo paradigma en la observación de la nieve.
Históricamente, medir la nieve representó un gran reto. La profundidad varía en distancias muy cortas, y la densidad evoluciona desde una textura ligera y esponjosa hasta volverse compacta y húmeda.
El viento redistribuye la nieve en ventisqueros irregulares, lo que complica cualquier intento de mapeo uniforme. Esta variabilidad dificultó durante años la obtención de datos precisos sobre el SWE, un factor esencial para prever crecidas repentinas y gestionar sequías.
Actualmente, el valor de estas técnicas trasciende la investigación científica. Una medición más precisa del agua almacenada en la nieve permite establecer alertas tempranas más eficaces, mejorar la gestión de embalses y planificar respuestas ante sequías. Conforme detalló Meteored, en cordilleras como los Pirineos, los Alpes o la Cantábrica, esta tecnología podría resultar decisiva para proteger a miles de personas y optimizar la planificación agrícola.
Avances en la investigación
Scientists, start your (snow machine) engines!@NASA’s SnowEx starts its final campaign this week in Alaska’s boreal forests and tundra.
More than three dozen researchers are in the field, measuring different snow conditions and flying instruments over snowy landscapes. ❄️ pic.twitter.com/LnIOpEpVEC
— NASA Earth (@NASAEarth) March 11, 2023
La teledetección también permite documentar eventos inusuales. En 2025, imágenes captadas por el satélite Meteor-M de la agencia rusa Roscosmos mostraron el desierto de Atacama cubierto de nieve, un fenómeno excepcional que los científicos pudieron analizar en tiempo real gracias a estas herramientas. Registrar y estudiar situaciones extremas refuerza la capacidad de adaptación ante el cambio climático.
La posibilidad de calcular con exactitud el equivalente en agua de nieve redefine la gestión de los recursos hídricos y la seguridad pública. Estas herramientas permiten a las comunidades prepararse mejor frente a inundaciones y sequías. La apuesta por sistemas de observación satelital, respaldada por agencias internacionales, marca el inicio de un nuevo paradigma en la relación entre ciencia y gestión ambiental.
Fuente: Infobae.