REDACCIÓN. Un hombre venezolano detenido por las autoridades migratorias en Estados Unidos podrá salir temporalmente de custodia para realizar una donación de riñón que podría salvar la vida de su hermano, quien padece una enfermedad renal terminal.
Según informó NBC News, José Gregorio González, de 43 años, se encuentra actualmente en el Centro de Detención del Condado de Clay, en Indiana, pero podría ser liberado en los próximos días bajo libertad condicional humanitaria.
La decisión fue celebrada como un triunfo por The Resurrection Project, una organización sin fines de lucro con sede en Chicago que ha estado apoyando a la familia González. Eréndira Rendón, directora de programas de la organización, calificó la medida como una “victoria para la humanidad y la compasión”. Según explicó Rendón, la liberación permitirá que González realice la donación de riñón a su hermano menor, José Alfredo Pacheco, de quien depende de esta intervención para sobrevivir.
Un vínculo que trasciende fronteras
González llegó a Estados Unidos desde Venezuela el año pasado con el propósito de reunirse con su hermano, a quien diagnosticaron con insuficiencia renal terminal en diciembre de 2023. Desde entonces, González se ha dedicado a cuidar de Pacheco, quien tiene 37 años y es padre de tres hijos: dos gemelos de 9 años y un joven de 17.
Durante una vigilia organizada por The Resurrection Project en Chicago, Pacheco expresó su gratitud hacia su hermano y destacó su carácter. “Mi hermano es un buen hombre, no un delincuente ni en Venezuela ni aquí. Vino solo con la esperanza de donarme su riñón”, afirmó. Pacheco también compartió su deseo de vivir para ver crecer a sus hijos, un anhelo que depende de la donación de González.
De acuerdo con una carta de los médicos de Pacheco obtenida por NBC News, González es el donante vivo ideal para su hermano. Incluso si los grupos sanguíneos de ambos no fueran compatibles, existe la posibilidad de realizar un intercambio de riñón entre pares. Este procedimiento que conecta a donantes y receptores compatibles. Este tipo de intercambio no solo salvaría la vida de Pacheco, sino también la de un segundo receptor.
Actualmente, Pacheco asiste a sesiones de diálisis tres veces por semana. Cada una con una duración de cuatro horas, para mantener su salud mientras espera el trasplante. Sin la donación de su hermano, tendría que esperar aproximadamente cinco años para recibir un riñón de un donante fallecido. Este tiempo que, según los médicos, podría considerarse fatal debido a la alta mortalidad asociada con la diálisis prolongada.