Luis Almagro quiere recuperar papel central de la OEA

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Ser llamado “basura” por el presidente de Venezuela resultó reconfortante para Luis Almagro. El nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) había advertido al gobierno venezolano en noviembre que no tratara de manipular las cruciales elecciones del mes siguiente por medio de encarcelar a sus oponentes. Afirmó que la muerte de un líder de oposición era una indicación de que la democracia venezolana tenía graves problemas.

El presidente venezolano Nicolás Maduro atacó a Almagro “por meterse en nuestros asuntos”. El se refirió al diplomático uruguayo como “basura” repetidas veces.

Hasta ese momento, ningún mandatario mundial, y mucho menos uno de América Latina, había acusado al gobierno venezolano de violaciones a los derechos humanos de una forma tan agresiva y dramática. Para Almagro, menos de un año después del comienzo de su mandato de cinco años, la reacción de Maduro fue una señal de que él estaba insuflando nueva vida en una moribunda organización multilateral que muchos piensan ha perdido influencia.

En pocos meses de mandato, Almagro ha mostrado que no tiene miedo de usar su posición de autoridad para denunciar la corrupción o exigir que se dé la bienvenida de nuevo a Cuba en las discusiones hemisféricas. Y aunque todavía tiene sus escépticos, especialmente en Miami, el diplomático uruguayo ha ganado mayormente elogios de todo el hemisferio por sus primeros 10 meses en el puesto.

“El doctor Almagro ha devuelto la respetabilidad a la OEA. Su voz fue la única que se atrevió a denunciar las atrocidades de Venezuela”, declaró recientemente a McClatchy el ex presidente colombiano Alvaro Uribe.

El diplomático uruguayo heredó una atribulada organización hemisférica de 35 miembros que ha pasado los años más recientes en medio de una crisis de identidad, enfrentada a problemas financieros y una influencia cada vez más disminuida.

Una nueva generación de grupos regionales como la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, se ha formado para competir con ella, y para socavar la influencia de Estados Unidos, que paga aproximadamente el 60 por ciento del presupuesto anual de $81.5 millones de la OEA.

Almagro reconoció la competencia cuando asumió el puesto. Se comprometió a modernizar la OEA y a volver a centrar al grupo en su misión fundamental de proteger los derechos humanos y la democracia. Prometió no dejarse amilanar por la corrupción.

“No estoy interesado en ser el administrador de la crisis de la OEA, sino el facilitador de su renovación”, dijo a los miembros tras ser elegido.

Almagro, de 52 años, quien está casado y tiene siete hijos, se formó como abogado. Ha ocupado puestos diplomáticos en China, Alemania e Irán. Más recientemente, fue ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, durante cuyo mandato colaboró con Estados Unidos en la transferencia a su país de detenidos de Guantánamo y en la restauración de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

En una entrevista de casi una hora de duración en su oficina de la OEA cerca de la Casa Blanca, Almagro habló de su intercambio con el gobierno venezolano. El ataque de Maduro a su integridad no lo molestó, dijo. Lo hizo sentir mejor. Para él, el líder venezolano estaba admitiendo que Almagro tenía razón al recurrir a los insultos en lugar de discutir temas políticos.

“Siempre estoy dispuesto a admitir cuando me equivoco”, dijo Almagro. “Pero el lenguaje que ellos usaron conmigo me demostró que yo no estaba equivocado. Eso me dio paz”.

En lo que se refiere a los derechos humanos, “no hay 50 tonos de gris”, le gusta decir a Almagro. Es un asunto en blanco y negro.

Cuando él escucha que algunos líderes de EEUU y el mundo se sorprendieron ante su agresiva actitud ante Venezuela, sus facciones se tensan con frustración. Sacude la cabeza.

“Ellos no me conocían”. Estados Unidos no apoyó inicialmente la candidatura de Almagro cuando él anunció por primera vez que se iba a postular para dirigir la OEA. Aunque era visto como moderado, provenía de un gobierno de izquierda que algunos pensaron no estaría de acuerdo con los ideales de EEUU.

Para cuando llegó el momento de las elecciones en marzo, era el único candidato postulado, luego que el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein y el jurista peruano Diego García-Sayan retiraron sus candidaturas. Un alto funcionario del Departamento de Estado dijo que EEUU decidió apoyar a Almagro y “lo ha duplicado” desde entonces.