La Policía Militar en su Laberinto

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Glenn Flores

La Policía Militar de Orden Publico (PMOP), ha tenido demasiados desaciertos en su incipiente existencia. A continuación analizaremos solo tres de los actos criminales donde se han visto involucrados. Es preciso mantener estos hechos  en el imaginario de la ciudadanía ya que el cerco mediático se ha encargado de invisibilizarlos.

El 9 de mayo del 2014, José Guadalupe Ruelas director de la organización, Casa Alianza, fue agredido brutalmente por elementos de la PMOP. El defensor de los derechos humanos de los niños, mostro con documentación medica los daños físicos que le hicieron los uniformados. Los elementos agresores del estado alegan que la golpiza efectuada contra Ruelas es debido, a que este atropello a dos militares en su vehículo. Hasta el día de hoy este caso esta en el Ministerio Publico donde se encuentra descansando en el más profundo baúl de los olvidos.

El 7 de febrero del presente año cuatro elementos de la policía militar intentaron raptar a un humilde dueño de un puesto comercial de uno de los mercados capitalinos, a este le exigieron 120 mil lempiras para no matarlo. Gracias a la sagacidad de sus familiares se logro abortar este crimen que ya estaba en pleno desarrollo. Un dato interesante es que uno de los participantes de este dantesco evento tenía orden de captura desde hace cuatro años por robo agravado y portación de armas. Otra curiosidad espeluznante es que este militar había aprobado todas las pruebas de confianza.

El 2 de marzo del 2015, cuando la policía militar retuvo ilegalmente, al ex comisionado adjunto del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, el abogado y ex juez de justicia, Nery Velásquez, ya que se negó a bajarse del carro para que lo revisaran, porque no tenían una orden judicial para ello. Los militares llegaron a amenazar e intimidar a Velásquez con agredirlo con los perros policiales. Este acontecimiento no pasó a más, debido a la intervención precisa y efectiva de varias organizaciones de los derechos humanos.

Los hechos anteriores solo demuestran la incapacidad que tienen los militares para ejercer tareas policiacas. Como señala el primer fiscal general del país, Edmundo Orellana Mercado que una vez  que están los militares en la calle “es cuestión de tiempo para que el militar, como a pasado en la policía, quede tentado por las oportunidades para torcer el camino recto.” Mientras la seguridad pública se siga militarizando y no se convierta a la policía en un ente comunitario, vamos a seguir teniendo los mismos paupérrimos resultados. Y  los militares continuaran en su laberinto.

Los datos de este trabajo se basan en el libro, La militarización de la seguridad pública en Honduras elaborado por el Centro de Documentación de Honduras.