La historia del actor pandillero que se salvó gracias al cine

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A Mark Wahlberg lo salvaron la música y el cine. Hasta su adolescencia era un pandillero que atacaba a golpes, pedradas y palazos a descendientes de africanos y asiáticos por las calles de Boston, consumía y traficaba varias drogas, y contaba con un registro de 25 detenciones. Todo antes de los 16 años. Incluso llegó a pasar 45 días en prisión (de una sentencia de dos años), momento en el que decidió cambiar su estilo de vida.

Convertido desde entonces en un ferviente católico y en un entusiasta del ejercicio físico, Wahlberg inició una carrera musical dentro del mundo del rap, bajo el seudónimo de Marky Mark. Antes ya había integrado la banda New kids on the block, en la que participaba su hermano mayor, Donnie.

Con su grupo The Funky Bunch lanzó su disco debut, Music for the people en 1990 y se convirtió en un éxito de ventas, no tanto gracias al talento vocal de Wahlberg, sino apoyado por su carisma y su apariencia física, de la que el entonces rapero se aprovechaba quedando en ropa interior en cada presentación sobre el escenario.

Su físico también le permitió ingresar al mundo del modelaje. En 1992 firmó un contrato de dos años con Calvin Klein, convirtiéndose en el rostro publicitario de la marca. Todo parecía funcionar bien para el antiguo «chico malo», pero un año después volvieron a resurgir los viejos problemas.

Una pelea con Madonna y su entorno en una fiesta y el relativo fracaso de su segundo disco lo llevaron a tomar la decisión de volcarse al mundo de la actuación. En retrospectiva, la opción fue acertada.

Chau Marky

Tras aparecer en una película televisiva, Wahlberg debutó en la pantalla grande en 1994, con un rol en la cinta Un nuevo hombre. Así dejó atrás definitivamente su identidad como Marky Mark, en un irónico paralelismo con el título español de la película.

A partir de entonces y hasta mediados de la década de los 2000, se consolidó como actor, con roles destacados en películas como Tres Reyes, La tormenta perfecta, El gran golpe y Boogie Nights.

Eficaz tanto para la comedia como para el drama y hasta las películas de acción, Wahlberg tuvo su primer reconocimiento de parte de la Academia en 2006, cuando fue nominado como Mejor actor de reparto por su papel como el abrasivo y malhablado sargento de policía Sean Dignam en el filme de Martin Scorsese Los infiltrados.

Cuatro años después volvió a coquetear con los Oscar, ya que la película El ganador fue nominada a Mejor película. Protagonizada y producida por Wahlberg, es una biografía del boxeador Micky Ward. Tanto en esta película como en Los Infiltrados se da la particularidad de que el actor interpreta a personajes de su Boston natal.

Por otra parte, el hecho de que haya sido productor de El ganador no es un dato menor, ya que es una tarea que ha desempeñado con éxito en paralelo a sus roles actorales. Su primera producción se dio en la televisión y fue la serie Entourage, de la cadena HBO, que seguía a un actor novato que viajaba a Hollywood con un grupo de amigos para que lo ayudaran a no perderse en las tentaciones de la fama.

Actualmente se exhibe en la pantalla del mencionado canal de cable la serie Ballers, también producida por Wahlberg y protagonizada por Dwayne «La Roca» Johnson, con quien compartió cartel en la película Policías de repuesto.

A lo largo de las ocho temporadas de Entourage, Wahlberg tuvo varias apariciones especiales como él, mostrando una gran capacidad para reírse de sí mismo, una virtud que no todas las estrellas poseen.

Hombre de negocios

Esa capacidad también se muestra en el reality show Wahlburgers, que Mark protagoniza junto a dos de sus nueve hermanos. En el programa emitido en Estados Unidos por la cadena A&E se sigue el trabajo en la cadena de hamburguesas de los tres Walhberg.

Todos estos negocios, sumados a su participación en películas taquilleras como Transformers: la era de la extinción y en las dos cintas de Ted, cuya segunda parte se estrena hoy lo han convertido en el décimo actor mejor pago del mundo, con una ganancia de US$ 32 millones, según la revista Forbes.