LA ENTREVISTA – La científica Maria Bottazzi: «Me siento orgullosa de ser hondureña»

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¿Cómo puso sus conocimientos en práctica? 

El corazón de ésta científica hondureña es noble. Por tanto, luego de sacar su maestría, se preguntó a sí misma cómo desarrollaría las tecnologías y fármacos para la gente pobre.

La suerte y los contactos acompañaron el proceso y el deseo. Conoció a Peter Hotez, que trabajaba en la Universidad George Washington.

«Él (Hotez) estaba justo creando un sistema para poder desarrollar vacunas para parásitos y enfermedades tropicales, pero necesitaba alguien que lo ayudara con el concepto gerencial y que tuviera conexiones en latinoamérica. Desde entonces hemos creado un equipo», describió.

El dúo prosiguió para codirigir iniciativas y modelos aplicados a organizaciones sin fines de lucro y programas para tecnologías que lleguen a los pueblos más necesitados. Con ese objetivo, crearon el Centro de Desarrollo de Vacunas.

Allí, ahora ubicados en Houston, en alianza con el Baylor College of Medicina y el Texas Children´s Hospital, han edificado un portafolio con casi una docena de vacunas, entre ellas la que está en proceso para coronavirus.

Vacuna para Coronavirus 

Ahora bien, ¿cómo es que este grupo, coliderado por Bottazzi llegó a trabajar en búsqueda de erradicar, al menos parcialmente, los coronavirus?

«Tuvimos la oportunidad de que había una llamada para pedir financiamiento en el 2011 que buscaba cómo poder utilizar plataformas fáciles y rápidas para desarrollar productos para enfermedades pandémicas», inició contando.

«Aplicamos junto a un consorcio de la Universidad de Texas y otro de New York, además del apoyo de una entidad de manufacturación gubernamental, y nos ganamos la posibilidad de desarrollar la vacuna contra el coronavirus SARS (el brote de 2003)», añadió.

El equipo de Hotez y Bottazzi tenía en su poder una molécula del virus, una proteína. Era una parte de la corona y que éste agente intrusivo utiliza para acoplarse en las células humanas y entrar al organismo.

«Nuestra hipótesis era agarrar la proteína, que el paciente creara anticuerpos contra la proteína, y los anticuerpos bloquearían el acoplamiento del virus, previniendo la infección», esclareció.

Debido a que el grupo tiene una alianza con otro centro hospitalario en Galveston, en esas instalaciones hicieron pruebas y demostraron que la proteína extraída protegía contra la infección y evitaba la muerte de animales.

Proteína en común de los coronavirus

Un factor que mantiene al descubrimiento en vigencia es que la genealogía de los coronavirus no ha mutado excesivamente.

Según la especialista, el SARS y el actual COVID-19 son «80 por ciento similares«, consiguiente, utilizan la misma proteína para entrar a las células humanas.

La doctora enfatizó lo anterior mediante un ejemplo: «El suero que se utilizó con los pacientes del SARS se usa para neutralizar el COVID-19. Son tan similares que, si usted inmuniza la proteína, el paciente puede desarrollar anticuerpos que lo protejan».

¿Qué efectividad tendría la vacuna? «El porcentaje es muy difícil determinarlo. La hipótesis es que podría ser al menos un 30 por ciento, que sería útil y mejor que cero», apuntó Bottazzi.

De manera específica, el tratamiento iría dirigido a los más vulnerables, las personas de la tercera edad y el personal médico que lidia directamente con la pandemia. ¿Cuándo podremos ver este formidable avance científico en acción?

«Es un proceso bastante largo. Primero se hacen los análisis de laboratorio, luego la manufacturación. Después de eso, se tiene que hacer un estudio de toxicología para evaluar que la vacuna no vaya a hacer nada malo en el huésped. Este proceso (toxicología) dura de seis a nueve meses», comenzó explicando.

Y profundizó dando todos los detalles: «Al mismo tiempo uno prepara los paquetes regulatorios, los procedimientos para pedir permisos, y se desarrolla el concepto clínico. El estudio clínico normalmente es otro año; se inmuniza a la gente y se les da seguimiento, procurando que no haya síntomas adversos».

Posterior, en base con lo dicho por la doctora, prosiguen los estudios de eficacia, que toman otros dos años. En síntesis, la población común podría beneficiarse del tratamiento en unos tres a cinco años.

Bottazzi
La doctora Bottazzi en su habitual ambiente. Crédito de foto: Anna Grove.

Vínculo con Honduras

La dedicada profesional asegura que se ha mantenido en contacto con el gremio microbiológico de la UNAH. Además, trabaja en cooperación con grupos de la Secretaría de Salud.