Ha sido difícil abrirse camino cuando enfrentas amenazas a muerte por llevar algún caso. Cuando por razones de seguridad no podés movilizarte libremente. Cuando te encarcelan sin darte derecho a la defensa y cuando he vivido el horror de ver que han matado a mis compañeros y compañeras. Es difícil cuando exigís justicia y hasta personal de la Corte Suprema de Justicia «extravía expedientes». Es difícil cuando en el Ministerio Público lidera las denuncias por falsos delitos en nuestra contra.

Como profesional he estado siempre organizada, he trabajado de la mano de organizaciones sociales y políticas que buscan la verdad a pesar de todo. He trabajado con verdaderos gigantes en la lucha por construir condiciones más dignas de vida, mis maestras de la vida; las feministas.

Diario Tiempo: – En tu participación en «We Are All Humans Rights Defenders» manifiestas tu preocupación de que las mujeres hondureñas crezcan en un ambiente hostil para su género ¿Cómo crees que podría lograrse un cambio orientado hacia el respeto de la mujer?

Karen Mejía: – Para erradicar la violencia contra las mujeres necesitamos un Estado que cumpla con su responsablidad estatal. Esa es la de respetar los Derechos Humanos de las mujeres. Donde la violencia no sea tolerada en la esfera pública y privada. Donde los mecanismos existentes se doten de recursos, humanos, técnicos y financieros. Además, donde se articulen para investigar, sancionar y también eliminar las consecuencias en la salud, física, mental y la situación de riesgo que enfrentan las mujeres que sufren violencia, feminicido y desaparición.

Diario Tiempo: – ¿Es difícil ser mujer en Honduras?

Karen Mejía: – Ser humano en Honduras es difícil y ser mujer es doblemente difícil. Enfrentas una tolerancia hacia la violencia alta, por la sociedad, por nuestras parejas, por las autoridades. También por los medios de comunicación quienes a menudo exhiben nuestros cuerpos mutilados en primera plana. Hay una cultura de normalización de la violencia, el acoso sexual en los espacios públicos y donde la iglesia interviene. Interviene para que no gocemos de salud sexual y reproductiva. Esto cuando necesitamos decidir si ocupamos anticoncepción de emergencia o aborto cuando nuestra vida está en riesgo. Se escucha más a la iglesia que a la Organización Mundial de la Salud. El derecho a la libertad religiosa existe pero no podés imponer esos criterios a las mujeres. Especialmente las que buscan defender su vida, se debe privilegiar a la ciencia para emitir leyes.

Esto es preocupante, porque en nombre de la religión se santifica incluso la impunidad y las obras de los corruptos. Es necesaria una separación para garantizar la igualdad y no se impongan fundamentalismos religiosos.

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