Joan Pujol: espía y arma secreta que le dio el triunfo al desembarco de Normandía

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Joan Pujol García
El catalán que creó una red tan intricada de espías falsos que ayudó a engañar a los nazis.

REDACCIÓN. A Joan Pujol García lo llamaban el mejor actor del mundo por algo muy interesante y sorprendente.

Y esque durante la Segunda Guerra Mundial, este catalán creó una red tan intricada de espías falsos que ayudó a engañar a los nazis sobre nada más y nada menos que el desembarco en Normandía, el famoso Día D.

Esa inmensa acción militar, de la que este miércoles s este catalán creó una red tan intricada de espías falsos que ayudó a engañar a los nazis e cumplieron 75 años, fue el punto de inflexión de la guerra y contribuyó a la victoria de los aliados. Pujol García, más conocido como el agente Garbo, jugó un papel clave.

Garbo era un doble espía. Su nombre clave para los alemanes era Arabel. Un hombre que les estaba proveyendo datos de inteligencia valiosos, aunque algo tardíos, sobre los movimientos enemigos. Al final de la guerra, incluso, lo condecoraron.

Engaño

En realidad Garbo era el arma secreta de los británicos, un agente experto en el peligroso arte del engaño.

En los meses previos al desembarco en Normandía, Garbo les envió cientos de mensajes a los alemanes informándoles que la invasión principal no sería en esas playas de Francia sino mucho más al norte, en Pas-de-Calais. Los nazis le creyeron hasta el punto que dejaron buena parte de su tropa allá incluso semanas después de que los aliados hubieran echado anclas.

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«Garbo es el ejemplo primordial de cómo se le da información incorrecta al enemigo para usarla en beneficio propio», le dijo a BBC Mundo el historiador Vince Houghton, curador del Museo Internacional del Espionaje, en Washington, donde Garbo está destacado.

«Él lideró una red de espionaje falsa de más de 20 personas. Los alemanes le pagaron miles de dólares sin saber que les estaba mintiendo todo el tiempo y mandando basura, y al final de la guerra hasta le dieron una medalla. Mejor que eso no se puede hacer», agregó.

¿Cómo lo logró?

¿Cómo pudo este espía que tras la guerra terminó sus días en Venezuela mantener satisfechos tanto a los alemanes como a los ingleses?

La respuesta está en algunos de sus rasgos personales (como su increíble capacidad inventiva y su persistencia); pero también en motivaciones que tienen sus raíces en la Guerra Civil de España.

Nacido en 1912 en el seno de una familia moderadamente rica, Pujol García parecía una «persona común y corriente que llevaba una vida común y corriente», según contó el historiador Mark Seaman en un documental sobre Garbo producido por el canal BBC 4. «Pero los eventos en España que lo rodearon fueron mucho más controversiales».

El conflicto en España no sólo trastocó la vida del joven , sino que le generó un desprecio profundo por el totalitarismo en general y el nazismo en particular, que lo llevó a actuar.

Sus inicios

Decidió convertirse en soplón sin saber que, a falta de contactos y experiencia, no tendría mucha suerte en el comienzo. En Madrid se acercó a las autoridades británicas tres veces sin suerte antes de lograr su cometido por una vía alterna. Convenció a los alemanes de que espiaría para ellos y, una vez con su confianza en el bolsillo, buscó cómo volverse un agente doble.

Los alemanes le dieron un curso rápido de espionaje con las instrucciones de trabajar en Reino Unido. Pero Pujol no viajó a las Islas Británicas sino que se asentó en Portugal. Desde allá comenzó a enviarles mensajes que pretendían ser reales, pero que en realidad estaban creados con ayuda de revistas, almanaques y libros de referencia que encontraba en una biblioteca. También comenzó a crear su red ficticia de soplones.

Los que sí repararon en su trabajo fueron los ingleses, que en 1942 decidieron finalmente reclutarlo para que les ayudara en algunas de las operaciones más importantes de la guerra. Le dieron el alias «Garbo» para honrar sus habilidades de actuación.

Información correcta pero demorada

Según recuerda la agencia de inteligencia británica, MI5, entre los personajes irreales se encontraban un sargento estadounidense, un venezolano en Escocia y un nacionalista galés.

Ellos resultaron fundamentales para que no sospecharan de Pujol. Él, por supuesto, no iba a darles información real. Lo que sí hizo fue proporcionarles información correcta, que llegaba demasiado tarde para que pudieran actuar. La culpa recaía entonces en los mensajeros, sus soplones falsos.