Jetsun Pema, la reina del país más feliz del mundo

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En el caso de la reina consorte de Bután, el clásico «Érase una vez» es obligado. La llave mágica para entrar en un país de cuento de hadas, el del rey de un diminuto país coronado por montañas que se prendó de una plebeya, renunció a la poligamia por su amor y la convirtió en reina a los pies del Himalaya.

La historia de Jetsun Pema, la reina de Bután, es un cuento de hadas hecho realidad. Cuentan que conoció al rey, Jigme Khesar Wangchuk, cuando ella sólo tenía siete años. Él era diez años mayor, pero eso no impidió que se quedara prendado y decidiera que su futuro tenía que estar ligado a ella. Fue un flechazo, pero las circunstancias hicieron que no se volvieran a encontrar hasta al cabo de catorce años. El heredero se fue a estudiar Relaciones Internacionales en Oxford, después volvió a su país en búsqueda de esa plebeya que lo había enamorado años atrás. La encontró y se casaron en el 2011. Desde entonces son la envidia de muchos.

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Fue en una boda budista, al día siguiente de la Luna llena de octubre (como mandaba la astrología), en un monasterio fortaleza del siglo XVII y con un atrezzo que pasó a alimentar el imaginario popular tras publicar la novia su álbum de fotos con el título Joya de la Corona. Una costumbre que ha perpetuado con un calendario digital de descarga gratuita para deleite de sus súbditos, a quienes dará pronto un heredero.

Pero el cuento tiene un plus más de romanticismo. El joven rey, como muestra de amor hacía su mujer, decidió renunciar a la poligamia. Dice estar tan enamorado de la reina, que no ve posible repartirlo entre varias mujeres. En Bután la poligamia no sólo esta permitida, sino que ha llegado a ser muy utilizada entre los anteriores monarcas. Jigme Singye Wangchuck, el antiguo rey, se casó con cuatro hermanas el mismo día.

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Sus rasgos exóticos, una melena negra y ojos rasgados, hacen de ella una belleza espectacular que ha conquistado no solo al rey sino también a los butaneses. Se la considera la Kate Middleton del Himalaya por su cuidadoso estilismo lleno de coloridos y sedas típicas de la región, que marcan la última moda en Oriente. Es el nuevo icono entre las más jóvenes. Aficionada a las bellas artes y al baloncesto, esta reina que ha cumplido 25 años esta semana, ha entrado dentro de la hornada de jóvenes plebeyas, con buenos estudios y bien preparadas que han dejado sus vidas cotidianas al enamorarse del rey. Se han convertido en reinas, aquello que se atrevieron a imaginar.

La jovencísima Jetsun Pema tiene 25 años es feliz con el quinto «rey dragón», porque en aquellos confines la felicidad está catalogada como normal. La bella es soberana del país más feliz del planeta, pues aquí el bienestar es un asunto de Estado y porque así lo dicen las estadísticas internacionales. Tanto que la dinastía a la que pertenece, la Wangchuck, acuñó en los años 70 el concepto de Felicidad Nacional Bruta (frente al PIB) que, siguiendo la filosofía budista, persigue intensificar el bienestar humano garantizando ciertos derechos sociales, sin promover los logros materiales, olvidándose del turismo masivo y la globalización, y centrándose en las tradiciones de la etnia drukpa, de origen tibetano.

La imagen de Jetsun resulta tan fascinante que ya ha sido bautizada como «la Kate del Himalaya» (por la duquesa de Cambridge), puesto que las dos se desposaron con sus príncipes el mismo año. Pero podría ser también una «Rania de las montañas», vestida casi siempre a la manera tradicional, con magníficos ropajes con cientos de horas de artesanía detrás. La kira, el vestido de su boda, costó tres años de trabajo. Y eso no es nada extraordinario, porque a los de su pueblo ella es la reencarnación de una diosa, la flor de loto e incluso la Luna.

Pero los pies de la soberana están firmes en la tierra. De hecho, ella ha tenido mucho que ver con el abandono del absolutismo en un Estado que, hasta 1999, prohibía la televisión y el acceso a internet. Este último, el de internet, es un territorio en el que ella también reina. Pero los móviles y Facebook, no nos engañemos, conviven con los arados y los carros. Porque Bután es, pese a su modernización, un país de leyenda. Y Jetsun Pema, con sus ojos rasgados y su rutilante exotismo, una soberana a la medida. La llamada durk gyaltsuen, la «reina dragón», un broche de oro para un colorín colorado.