Isbella Orellana: «Desde Tegucigalpa quieren mi renuncia»

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Piden aplicación de Código Penal y cárcel para la directora de UNAH-VS.

CORTÉS, HONDURAS. «Yo tengo mi cabeza en alto, yo no cometí ninguna irregularidad», fueron las palabras que la directora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (UNAH-VS) dijo tras ser consultada sobre los señalamientos en su contra luego de una auditaría que se envió desde Tegucigalpa.

La máster Isbela Orellana fue nombrada directora interina de UNAH-VS el pasado 27 de septiembre de 2017. Esto ocurrió luego de la salida de Julieta Castellanos como rectora, puesto que pasó a ocupar interinamente Francisco Herrera, quien ese momento era director de UNAH-VS, pero al irse a Tegucigalpa para sustituir a Castellanos, su plaza quedó vacante. Fue cuando la Junta de Dirección Universitaria le ofreció el cargo a Orellana, en base a la Ley Orgánica de la Universidad.

Sin embargo, pasados dos años desde el inicio de su gestión, la máster ha sido señalada de desvío de fondos y abuso de autoridad. Sin embargo, la directora asegura que todo se trata de una agenda en su contra, con la intención de que renuncie de su cargo.

A criterio de Orellana, todo se trata de un ‘boicot’, pues desde el primer día de su gestión, le habían pedido que renunciara a su puesto. Y ante su negativa, entonces, desde Tegucigalpa intentan forzar su salida.

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Su llegada

«Producto de la última crisis de año 2017, los estudiantes de la universidad acudieron al Congreso Nacional solicitando la aprobación de un decreto que permitiera el nombramiento de autoridades interinas, con el propósito de que las autoridades prepararan el proceso que contribuyera a que los estudiantes se integraran a los órganos de gobierno de la universidad», inició explicando la máster.

Fue así como Francisco Herrera tomó posesión interina de la UNAH e Isbela hizo lo mismo en el Valle de Sula. El período de Herrera, Orellana y los directores de los centros regionales terminaría hasta que la Junta de Dirección Universitaria (JDU) escogiera a las nuevas autoridades permanentes de cada campus, pero luego de las Elecciones Estudiantiles, mismas que tienen un atraso de dos años.

«Al quedar esta plaza vacante, se revisa la Ley Orgánica de la universidad, y la única persona con los méritos para ser nombrada soy yo, por antigüedad, por el trabajo realizado en el centro. Entonces, en esta universidad yo represento la mayor antigüedad y mayores méritos», de esta forma, la máster aceptó el puesto.

Constante ‘boicot’

Durante su primer día de trabajo, Orellana aseguró que luego de presentarse con Francisco Herrera, él solo le dijo «aquí está la oficina», pero que no recibió ningún informe de trabajo de su gestión.

Agresión

«Pero la sorpresa mía es que ese primer día, la secretaria del centro, me agrede, me trata mal. Yo lo único que le dije es que yo no estaba para discutir. Sin embargo, no les bastó y continuó hasta el punto de hacerse la víctima y decir que yo la había agredido y me expuso ante los medios de comunicación en una entrevista programada, porque nadie viene a la universidad a las 6:00 de la mañana si primero no lo llaman», recordó Orellana.

Luego de la acusación de la secretaria, desde UNAH-CU mandaron a llamar a Isbela, «producto del escándalo que ella hizo».

Estando en Tegucigalpa, «yo demuestro que no agredí, demuestro que no tengo posibilidad de agredir, pero ella no me limpia la imagen. Yo la llevé a los tribunales y ella insistía en que yo le pidiera perdón para conciliar, pero me negué porque yo no la agredí. Sin embargo, ella, aún y cuando no le pedí perdón, aceptó que se conciliara», dijo la máster. «Ese es el primer hecho», agregó.

Pese a esto, sometieron a Isbela a una audiencia de descargo, en la que, según denunció, se pretendió coaccionar a personas para que atestiguaran falsamente en su contra. Pero los empleados que trabajan con ella se negaron a hacerlo.

«El personal de esta oficina fue presionado para que dijera que yo agredí a la persona, y el personal dijo ‘no la agredió’. Incluso fue hostigado por seis horas para que firmara una nota y aún así no lo hicieron. Entonces, no hubo evidencia en mi contra, por lo tanto, no me pudieron despedir.