Cómplices de la ilegalidad: Corte Suprema se doblega (1/3)

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La notoria sentencia a la que se hace referencia, también adolece de vicios de contenido, porque no existe tal cosa como un “derecho humano a la reelección”. La reelección no está catalogada como derecho en ningún tratado internacional; mientras que el derecho a elegir y ser electo, de ninguna forma obliga a los Estados a garantizar la reelección de quienes ya fueron electos. Más bien, el derecho a elegir y ser electo supone la validez de las prohibiciones a la reelección, como un medio para frenar la perpetuación de las élites en el poder y permitir que todos los sectores sociales puedan aspirar a formar parte del gobierno en condiciones de plena igualdad.

Lo que sí existe es un derecho natural, soberano e inalienable del pueblo hondureño para constituir un gobierno en la forma que crea más conveniente para la consecución de su seguridad y felicidad. De esto se deriva su derecho a establecer un sistema democrático y republicano, y proteger su viabilidad a largo plazo imponiendo prohibiciones constitucionales a la reelección presidencial. Que la Corte Suprema quiera cambiar la Constitución para eliminar los límites que ésta impone al poder del Ejecutivo, tergiversando la forma de gobierno escogida por el pueblo hondureño, no responde a un criterio jurídico independiente e imparcial, sino a la obediencia servil de peones que buscan allanar el ilegítimo camino que se ha dispuesto a seguir su maestro.

En aras de contrarrestar las falacias argumentativas y jurídicas con las que se pretende confundir la opinión pública, mismas que escuchamos todos los días en los foros matutinos, en dos artículos siguientes procederé a elaborar sobre la nulidad por vicios de forma y contenido de la sentencia que coloca a Honduras junto a Nicaragua y Venezuela, como los únicos tres países en América Latina que permiten la reelección presidencial indefinida.