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sábado, septiembre 25, 2021

El mejor hotel de Abu Dabi está enmedio del desierto

Emiratos Árabes Unidos. El hotel Qasr Al Sarab tiene todo lo que habría que esperar de un resort de lujo en los Emiratos Árabes Unidos: fastuosas villas, piscinas privadas, restaurantes de primera categoría y un spa totalmente equipado.

Más allá de sus paredes, tiene algo que muy pocos pueden igualar: una hermosa y absoluta nada.

El Qasr está enclavado en el borde del mundo. O al menos al borde del gran vacío, el llamado Empty Quarter o Rub ‘al Khali en árabe, el mayor desierto de arena del planeta.

Si pasea por el Pabellón Real del hotel y se encamina al sur solo verá kilómetro tras kilómetro de cambiantes dunas. Hasta la polvorienta carretera y valla que marca la frontera de Arabia Saudita.

Esa lejanía y el asombroso encanto de esta soledad abrazada por de sol, son lo que hacen del Qasr uno de los mejores hoteles de Abu Dabi. Un emirato donde sobran los complejos cinco estrellas.

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Para la gente que dirige este lejano puesto fronterizo de la civilización presenta un conjunto muy específico de problemas, principalmente, cómo impedir que el lugar sea tragado por el desierto. Y cómo no dañar el medio ambiente que lo hace tan especial.

DESLUMBRANTE ESPEJISMO PARECE EL HOTEL EN MEDIO DEL DESIERTO

El Qasr Al Sarab fue originalmente concebido como un refugio del ajetreo de las ciudades de rápido crecimiento de los Emiratos Árabes Unidos. Donde los huéspedes pueden sumergirse en un clásico entorno árabe.

El trabajo comenzó en 2007, una estructura como una fortaleza que se yergue en el borde de las dunas. Teñidas de magníficos tonos grana y verde por las partículas de hierro y cobre.

El complejo terminado, con 154 habitaciones y 52 villas extendidas en más de 19,000 acres, se alza en el desierto como un espejismo. No sorprende, pues que su nombre signifique eso, “espejismo”.

Aunque nadie ha confundido el resort con un espejismo en los ocho años desde su apertura, dice Amer Braik, que dirige las operaciones ambientales y culturales del Qasr.

HOTEL
El complejo se extiende en gran parte del desierto

ACCESO AL HOTEL

Por supuesto que no. Salvo los beduinos ocasionales que pasan de largo, la única razón por la que alguien viaja hasta aquí es para hospedarse en el hotel, o trabajar en él.

A menos que los huéspedes tengan acceso a un helicóptero (el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Khalifa bin Zayed Al Nahyan, tiene su propia villa aquí), el viaje en auto es de dos horas.

Lo que hace que la llegada, marcada por un puente revestido de faroles y una majestuosa puerta franqueada por torretas, sea más que anticipada.

El núcleo principal del hotel Qasr se asemeja a un palacio del desierto, sobre todo iluminado por la noche. Cuando llega el sol del mediodía, hay pasillos sombreados, zonas verdes y refrescantes canales de agua burbujeante.

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Su punto focal es una colección de piscinas esculpidas entre palmeras para evocar un oasis.

También hay varios restaurantes en el hotel, entre ellos uno diseñado como un campamento beduino. Donde los comensales descansan en divanes colocados bajo las estrellas mientras un músico tradicional toca en una duna cercana.

Todo muy relajante. Siempre y cuando uno no medite en el esfuerzo invertido para evitar que este lugar sea engullido por el desierto circundante.

HOTEL
El hotel Qasr Al Sarab se aprecia imponente en horas de la noche 

MAR DE ARENA

Ese mar de arena justo allende la piscina no se está quieto. Los vientos del norte-sur cambian constantemente y reesculpen el terreno.

Varias veces al año, esas brisas se acumulan en tormentas de arena, con ráfagas de 50 millas por hora. Mismas  que devoran el complejo en nubes espesas. Ahí es cuando la ubicación del Qasr es más desafiante.

El hotel fue diseñado con técnicas de modelado de viento para minimizar los efectos de estas duras condiciones. Y está bien equipado para solucionarlas.

“Tenemos grandes excavadoras y máquinas que están trabajando constantemente para mover la arena y limpiar algunas áreas del hotel”, explica Braik.

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