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domingo, septiembre 19, 2021

“Nunca la encontramos”: hijo de hondureña que murió en el 9-11

REDACCIÓN. –  Todo parecía una película de ficción dentro de la cabeza de Jairo Castro, hijo de Gricelda James, al ver las imágenes tan catastróficas y saber que su madre se encontraba en el piso 79 dentro de las Torres Gemelas.

Lo que simulaba ser un día más de colegio para Jairo, se tornó color gris, pues en la cafetería que asistía como de costumbre, vería el impacto de aviones terroristas, que cambiarían su vida y la de su familia.

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Jairo Castro, habló en exclusiva a Diario Tiempo, en conmemoración de los 20 años del atentado a las Torres Gemelas, y relató todos los hechos por los que tanto su familia como su madre, atravesaron en esas horas de crisis y horror.

Contó la desesperación de estar en países diferentes y no saber nada de su madre, los agónicos minutos que su madre tuvo que atravesar, un último adiós que dejó al correo de voz despidiéndose de sus dos hijos y la esperanza de encontrar a su mamá incluso años después del atentado.

Su ocupación

Gricelda James, natal de la ciudad de Tela, en Honduras, era madre de dos hijos, los cuales, por razones económicas, dejó para poder darles una mejor calidad de vida.

Griselda, residía en Nueva York. Debido a su habilidad con las artes plásticas y proactividad, comenzó a trabajar en los monumentos más grandes del comercio.

“Ella trabajaba en Centros de Oficinas Internacionales en el piso 79 de las Torres Gemelas y se dedicaba a hacer decoraciones en grandes eventos. Ella era una de las administradoras, de hecho, secretaria de Administración, ese era su trabajo en esa empresa y tenía varios años laburando en ese lugar”, expresó Jairo.

Relató Jairo que él viajaba a ver a su madre y estuvo en reiteradas ocasiones en el World Trade Center, recuerda de manera vívida que la gerente, le asignaba trabajos con el fin de que pudiese estar más tiempo con mamá.

A pocos meses de que el menor se fuera a vivir con Gricelda, tras tramitar papeles legales, recibieron una visita muy especial.

Se trataba de Gricelda, quien fue a su natal ciudad de Tela, un mes antes del atentado, donde pasarían momentos agradables junto a su familia y amigos.

Pero según Jairo, sería la última vez que la verían, ya que el viaje que hacía de manera “rutinaria”, acabaría siendo una especie de despedida a toda su familia. La comunicación entre madre e hijo era constante, hasta que llegó un imprevisto que cortaría el contacto para siempre.

Hondureña murió torres gemelas
La hondureña trabajaba desde hace varios años en el piso 79 del World Trade Center.

11 de septiembre de 2001

“Recuerdo que el día del 9/11 yo estaba en el colegio, salí afuera del colegio a buscar comida, iba a comprar unas baleadas y en eso, vi en la televisión de la cafetería que unos aviones habían chocado en las Torres Gemelas, yo le pregunté a Carlos, el dueño de la cafetería: ‘¿Esa es una película?’. Él me dijo que no, que eran las noticias y que varios aviones habían chocado en las Torres Gemelas”, dijo Jairo ante lo sucedido que pareció imposible para él.

“Yo solo le dije: ‘Guao’, y me quedé callado. Le dije ‘después regreso’, fui hacia mi colegio a traer mi bicicleta y me fui para la casa, porque yo sabía que algo estaba pasando”, añadió Jairo con palabras entrecortadas.

Jairo, quien vivía con sus abuelos, llegó rápidamente a su casa y para su sorpresa encontró llorando y angustiados a los adultos mayores al no tener noticia alguna de su hija.

Al existir poco uso de celulares en ese tiempo, no podían contactarse con Griselda, pero a pesar de ello, la intuición familiar les decía que algo malo había ocurrido.

Por otra parte, su hermano mayor, Jacobo Castro, residía en Estados Unidos, fue tanta la angustia que tenía por lo ocurrido, que viajó inmediatamente junto a un amigo para ir en búsqueda de su madre y tener noticias positivas de ella.

Recorrieron la zona cero y todos sus alrededores, por días e incluso semanas, Jacobo se negaba a dejar de buscarla hasta encontrar una señal.

Correo de voz de despedida

Después de buscar a Gricelda hasta el “último rincón” de Nueva York, les vino la notica que nadie quería recibir, sin embargo, ya daban por hecho.

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