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jueves 4 diciembre 2025

La otra cara de Tela: recuerdos de un puerto tranquilo

Tela, Atlántida. Mucho antes del turismo masivo, de los bares frente al mar y de las selfies en el muelle, Tela era una ciudad serena, hecha de sal, bananos y siluetas de madera frente al Caribe. Las fotografías antiguas la traen de vuelta como un suspiro: una Tela más pequeña, más silenciosa y más ordenada, donde el tren marcaba el ritmo del día y el viento entre los cocoteros arrastraba el murmullo de la compañía bananera y de los pueblos garífunas cercanos.

En los años 70, Tela Viejo se veía como una maqueta cuidadosamente acomodada: el parque central, la torre de la municipalidad, el campo Gifford y, al fondo, el muelle clavado en la bahía.

Aún no existía el mercado municipal como hoy lo conocemos; el horizonte se miraba limpio y el pueblo se sentía más íntimo, como si todos se conocieran por nombre y apodo.

Imagen de la oficina principal de la extinta Estación Experimental Lancetilla. Fotografía Tela Siglo.

Al otro lado, Tela Nuevo empezaba a construir su propia personalidad. En la ribera oeste del río Lancetilla se alineaban las viviendas de la compañía frente a la calle que pasa detrás de la iglesia católica.

Destacaba el edificio No. 318, el famoso de los “Solteros”, casi contiguo a la Contaduría de la Tela Railroad. Eran tiempos en que la vida giraba alrededor de la empresa: las casas, el trabajo, el club social, el muelle y las vías del tren que cosían la ciudad de punta a punta.

El Parque Cabañas, la Municipalidad y el Teatro Dorado. Fotografías Tela Siglo.

La llamada “Zona Americana” completaba el escenario: viviendas familiares de la compañía, ordenadas frente al mar, en la ruta hacia el desaparecido hospital.

Detrás de los cocoteros se levantaban las antenas “wireless” de la Tropical Radio & Telegraph Company, símbolo de una modernidad que llegaba por mar y por cable, mucho antes del internet y los teléfonos inteligentes.

El cruce ferroviario en el muelle teleño. Fotografía Tela Siglo.

Recuerdos 

Hoy, cuando se camina por sus calles, cuesta imaginar que bajo el asfalto, los edificios nuevos y los hoteles existió aquella Tela de casas de madera y techos de zinc, de parques con cines a los lados, de zona americana cuidada al detalle, de trabajadores bananeros, de científicos en Lancetilla y de familias garífunas mirando de frente al mar.

Locomotora en la ciudad de Tela. Fotografía Tela Siglo.

Aun así, las fotos antiguas siguen ahí, como espejo retrovisor de la historia. Recuerdan que Tela no nació como destino turístico, sino como puerto de trabajo, de mezcla cultural y de historias sencillas.

La Tela de ayer quizá ya no existe, pero permanece en la memoria, en los relatos de abuelos y padres, y en cada imagen en sepia donde el sol, el tren y la bahía parecen ponerse de acuerdo para detener el tiempo por un instante.

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