Honduras es ahora un poco más seguro, según New York Times

Niños juegan en una estructura abandonada cerca de un campo de fútbol en el barrio Rivera Hernández en San Pedro Sula, Honduras. Las pandillas solían frecuentar este edificio y el campo de fútbol era un tiradero de cadáveres.Niños juegan en una estructura abandonada cerca de un campo de fútbol en el barrio Rivera Hernández en San Pedro Sula, Honduras. Las pandillas solían frecuentar este edificio y el campo de fútbol era un tiradero de cadáveres.

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Estados Unidos ha provisto a los líderes locales con altavoces para eventos, herramientas para limpiar 10 campos de fútbol abandonados (que se habían vuelto tiraderos de cadáveres), libretas y uniformes escolares, así como fondos para instalar alumbrado público y botes de basura.

Un equipo de jóvenes en riesgo de Rivera Hernández antes de un partido de fútbol contra un equipo de asesinos: 20 sicarios de la pandilla de Los Tercereños. “Cuando los pandilleros se van a casa, llegan cansados a dormir. No asesinarán a nadie esa noche”, dijo Pacheco.

Además del equipo para las noches de cine, Pacheco recibió uniformes y balones para formar 25 equipos de fútbol. Una noche hace poco, organizó un partido entre el equipo de la Casa de la Esperanza y un equipo de asesinos: 20 sicarios de la pandilla Los Tercereños. Un jugador robusto que llevaba puesta una camiseta con el número 11 me dijo que había matado a 121 personas, cobrando 220 dólares o más por cada muerte.

Esa noche corría por toda la cancha, tratando de anotar un gol. “Cuando los miembros de las pandillas se van a casa, llegan cansados a dormir. Esta noche no matarán a nadie”, dijo Pacheco sonriendo. “Si juegan juntos, ya no se ven como el enemigo. Dicen: ¿Cuándo es el siguiente partido?”.

Un programa piloto también se concentra en los niños a quienes sus profesores identifican como alumnos que tienen factores de riesgo para unirse a pandillas, como abuso de sustancias, tiempo sin supervisión y un “suceso negativo en su vida”, como haber sido víctimas de un crimen violento o que uno de sus familiares haya sido asesinado. Después de un año de asesoría familiar, se consideró que los niños del programa tenían 77 por ciento menos probabilidad de cometer crímenes o abusar de las drogas y el alcohol, de acuerdo con Creative Associates International, la agencia que administra el programa.

Finalmente, Estados Unidos está ayudando a que los criminales se sometan a la justicia al apoyar a una organización sin fines de lucro que opera en Honduras llamada la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ). En años recientes, un 96 por ciento de los homicidios terminaron sin condena. Todos en Rivera Hernández sabían qué les pasaba a los testigos que denunciaban: tiraban sus cuerpos junto con un sapo muerto. El mensaje: los sapos hablan demasiado.

Jesús René Maradiaga, un líder de la comunidad, sostiene una imagen de la Virgen de Guadalupe con un retrato de su hija, Yury Tatiana Maradiaga, que fue asesinada en 2005. Credit Katie Orlinsky para The New York Times
Jesús René Maradiaga, un líder de la comunidad, sostiene una imagen de la Virgen de Guadalupe con un retrato de su hija, Yury Tatiana Maradiaga, que fue asesinada en 2005. Credit Katie Orlinsky para The New York Times

La ASJ asigna equipos de psicólogos, investigadores y abogados para examinar todos los homicidios y convencer a los testigos de que den sus testimonios. Más de la mitad de los casos de homicidio resueltos en siete vecindarios piloto ahora pudieron tener veredictos de culpabilidad.

“No es como antes, en que mataban a alguien y no había consecuencias”, dijo Maradiaga, el líder de la comunidad.

Los miembros de la ASJ se acercan a las familias de las víctimas con delicadeza: les dicen que son una organización cristiana y les preguntan si pueden ayudar. Van a la morgue para ofrecer transportar el cuerpo y dar café para el velorio, o un mes de renta. Finalmente, buscan obtener información. La mitad de los miembros de una familia generalmente conocen al asesino; uno de cada cuatro fue testigo del asesinato. Dicen que les toma de cuatro a 15 visitas para convencer a los testigos de que testifiquen.

Los testigos pueden declarar de manera anónima, como lo hacen en los casos de la mafia italiana. En mayo, el equipo de ASJ llegó a un juzgado de San Pedro Sula con una testigo nerviosa, y la esperanza de que finalmente se hiciera justicia con los asesinos de Andrea, de 13 años.

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Luis López, el psicólogo del equipo, ayudó a que la testigo repasara su testimonio. Ella vio cómo dos pandilleros se llevaban a Andrea con pistolas en mano. Escuchó que uno le dijo a la niña: “Ya verás lo que vamos a hacerte”. Dos días más tarde, la abuela y la madre de Andrea le estaban mostrando fotos de la niña extraviada a la gente en la calle. La testigo no dijo nada. Una semana después, escuchó los gritos que amortiguaban los muros de la casa verde y blanca.