En homilía: Iglesia católica llama a proclamar y ejercitar la misericordia

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TEGUCIGALPA. A tan solo una semana de celebrar la denominada Semana Mayor por la iglesia católica en esta fecha los jerarcas de la iglesia en mención remarcaron que no sólo caigan las piedras de la violencia, sino las máscaras del adulterio y del egoísmo.

En el oficio religioso de esta fecha antesala del Domingo de Ramos, se recordó que sigue vigente el maltrato y la marginación en menoscabo de las mujeres, se ha recalcado en el mensaje de la homilía en la catedral de Tegucigalpa.

A Continuación la homilía del Cardenal Oscar Andrés Rodríguez, correspondiente a la fecha:

Un individuo va hacia Jesús y le hace una pregunta fundamental: ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna? … Un hombre angustiado busca solución para un problema crucial: qué hacer para obtener la vida después de la muerte. Llama la atención que este joven tiene todo lo que hoy se requiere para ser feliz (juventud, riqueza, estatus social). Es todo lo que la publicidad nos impone y nosotros perseguimos más o menos inconscientemente. Sin embargo, parece que siente un vacío en su vida y por eso pregunta: ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Reconoce en Jesús a alguien que puede resolver su problema y calmar su angustia.

El texto del Evangelio dice que este joven va “corriendo” y se arrodilla…” En Oriente el correr es un comportamiento reprochable pero su angustia es tan insoportable que llega a transgredir las convenciones sociales… No viene a Jesús como otros personajes oprimidos por la enfermedad, sino a partir de una inquietud interior: ¿Qué tiene que hacer para heredar la vida eterna? No parece preocuparle la vida terrena, que la tiene resuelta, él pregunta por una vida en que la muerte no sea el final de todo? Todos somos como este joven rico que vamos corriendo y también podemos acercarnos hoy a Jesús con la misma pregunta en el corazón. ¿Dónde encontrar una Vida plena y llena de sentido?

Jesús le contesta: “¿por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno, más que Dios”. Jesús quiere decir: sólo Dios es el último fundamento de todos los valores, sólo El da sentido definitivo a nuestra vida humana en esta tierra. Sin Dios, el ser humano no sabe a dónde va, ni logra comprender quién es en profundidad; sólo Dios puede apagar la sed profunda de sentido y de felicidad que llevamos en el corazón.

La respuesta que Jesús da a este individuo del Evangelio se dirige a cada una y a cada uno de nosotros. Jesús le dice: “ya sabes los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre…”. Es decir, Jesús le refresca la memoria de los mandamientos. Él le responde: “Maestro, todo eso lo he guardado desde pequeño…”. Ahora se siente mejor. Por un momento se disipa su angustia y respira mejor.

“Jesús, se le quedó mirando con cariño”. La mirada aquí es importante. Si es consignada en el Evangelio, es porque habría sido algo inolvidable que impresionó a los testigos de la escena. Jesús comienza a mirarle de un modo nuevo. La mirada es una experiencia de intimidad, de afecto silencioso, de amor sin palabras. Podría decirse que la mirada de Jesús es provocativa, porque trata de “llamar”, y de invitar a un discípulo potencial. En lo profundo de ese hombre, Jesús descubre quién es en su corazón.

En el gesto de posar su mirada sobre él esta contenido todo su amor. No hay nada más bello que esta mirada. En esa mirada de amor está el secreto de toda una vida. Esa es la mirada de Dios sobre todo ser humano, una mirada de amor. Que nos dejemos alcanzar por esta mirada de amor.

Cuando dice que todo eso lo ha cumplido desde niño, Jesús le invita a un paso más: “una cosa te falta: ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; anda, ven y sígueme”. Jesús le viene a decir: te falta todo (en la simbología hebrea, cuando falta una cifra es como si faltase todo). Jesús no reconoce los méritos del piadoso rico y no lo elogia sino que le hace notar que le falta todo, pues tanta riqueza y la constante práctica religiosa no lo han hecho un hombre feliz. “Una cosa te falta”, no para heredar la vida después de la muerte, sino para realizarte plenamente, para encontrar la felicidad que no posees y para entrar en la verdadera alegría.