TEGUCIGALPA, HONDURAS. En el primer domingo de cuaresma, la homilía se trató sobre «el Espíritu que empujó a Jesús al desierto«, lo cual significa el impulso interior que Jesús siente por dentro y que lo lleva al desierto «para asumir la gran lucha de la condición humana.»

En ese sentido, en la homilía de hoy, se hizo la pregunta de si «¿Nos dejamos ‘empujar’ por el Espíritu, o nos dejamos llevar por nuestras ambiciones, por nuestras necesidades, nuestros intereses personales?», «¿Qué mueve, en el fondo, nuestra vida?»

En la homilía, se enseñó que el hombre actual huye del desierto y que le asusta la soledad y la ausencia de sonidos. «El desierto es un lugar de encuentro profundo con nosotros mismos y con Dios. En el desierto podemos escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios la voz que libera de verdad», sostiene el mensaje de la homilía del primer domingo de cuaresma.

Además, menciona que Satanás es «el símbolo de la ambición de poder que se esconde dentro de cada ser humano» y que también representa los poderes perversos que se adueñan de la humanidad.

La homilía explicó que las tentaciones representan también los valores falsos que Jesús encontró en su época y que están presentes hoy en día.

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Evangelio 

«El Evangelio no nos habla solo de una conversión moral, personal, individualista, sino también de un Reino Nuevo de relaciones nuevas, es decir, de una sociedad donde no exista injusticia, explotadores y explotados, los que tienen de todo y los que no tienen casi nada. Se trata de un sitio donde gobierne la fraternidad entre todos los seres humanos», concluyó la homilía.


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