HISTORIA HUMANA: Yadira Zepeda maestra que camina dos horas para impartir clases

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«Lo primero que hago es orar, Dios ayúdame en este camino y salgo para mi centro educativo».

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Martha Yadira Zepeda Doblado, es una maestra de 30 años, originaria de Palo Pintado, Comayagua, quien cada día camina más de dos horas cuesta arriba para llegar a la Escuela La Independencia en Puringla, La Paz; a impartir el pan del saber a sus «muchachos», como les llama cariñosamente.

En ocasiones no sabemos que nos depara el futuro. Por tal razón, ocurrió lo mismo con Yadira quien decidió estudiar en la Escuela Normal Centroamérica por las sencillas razones de que; «era la más fácil, la que me quedaba más cerca, entonces entre ahí».

Pero con el tiempo se dio cuenta que la docencia era su vocación, «me gusta enseñar». A su vez, dentro de ella estaba latente ese sentimiento de ayudar a los demás sin recibir algún beneficio a cambio; «me gusta que mi pueblo salga adelante, que no haya analfabetismo».

Teniendo en cuenta que el reconocimiento social a su labor es suficiente para llenar de alegría su corazón, con el principal objetivo de dejar esa huella marcada e imborrable «en mis alumnos y que ellos me recuerden; encontrarlos en las calles y que me digan «es la mejor maestra que he tenido»», ese es su ideal de experiencia más bonita.

Momentos difíciles

Como la gran mayoría de hondureños, Yadira  tuvo que pasar por momentos difíciles, complicaciones, obstáculos y muchas pruebas, la más común el dinero; «ya que al ser varios hermanos estudiando al mismo tiempo «había que ajustarse para el estudio». Pero todo esfuerzo tiene su recompensa, ella logró entrar a la Universidad Pedagógica, logrando una licenciatura en español.

En su arduo camino en la docencia Yadira ha tenido que dejar en ocasiones su hogar para poder desempeñar su trabajo de la manera eficiente y eficaz. Considerando que sus «muchachos», son tan importantes como su familia. «Tengo tres hijos, he dejado a mis hijos y así he salido adelante».

Para Yadira es un sacrificio muy difícil, «porque ellos aún están pequeños, tengo una niña de cinco años; Entonces esas son las mayores dificultades que he tenido, porque me toca dejarlos a ellos para venir a la escuela».

Cabe resaltar, que la maestra ejerce la docencia entre los meses de marzo a noviembre, sin contar con algún beneficio económico. «Yo no tengo plaza, trabajo de marzo a noviembre, no tengo lo que es catorceavo, no tengo aguinaldo. Mi sueldo nada más es lo que me dan al mes».

Por tal razón, le es difícil viajar todos los fines a su hogar a ver sus vástagos, «se necesita dinero para estar viajando todos los fines de semana, entonces a veces viajo cada 15 días».

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El arduo trayecto diario para brindarles el pan del saber a sus muchachos

Aun sin conocer lo que le deparaba en la comunidad de Palo Pintado en el departamento de La Paz, y sin arrepentimientos de estar en lugar donde está; «Yo decidí aquí, cuando a mí me dijeron, quieres ir a trabajar a un lugar que se llama Bañadero, es largo. Yo le dije está bien, yo me voy y me vine a trabajar aquí».

«Me levanto a las cinco de la mañana, alquilo un cuarto aquí en Santiago de Puringla, llegó a las seis porque me gusta estar temprano en el bus», añadió.

Seguidamente Yadira siguió contando como es su día a día, «el bus sale a las 6:20 am. En mi trayecto llego a una aldea que se llama Rauteca, ahí nomás me deja el bus».

«Ahorita por la época no suben carros, no suben motocicletas y los caballos me dan miedo, porque se deslizan en el lodo, por eso mejor camino».

Es toda una hazaña, llegar hasta la Escuela Independencia. «Camino para mi centro educativo donde son aproximadamente catorce vueltas que tengo que subir, todos cuesta arriba». Pero «Gracias a Dios», no he sufrido ningún percance destacó Yadira.

¿Vale la pena el esfuerzo?

Muy seguras de sus palabras, Yadira cree sin lugar a dudas, que cada esfuerzo diario que hace para transmitir sus conocimientos vale la pena.Fiel a su compromiso, respondió que de ser necesario volvería a ser maestra o enfermera, siempre pensado en servir al prójimo.

En ese sentido, detalló cuál es su primer pensamiento cada mañana cuando despierta; «pienso en mis hijos primero y después en mis muchachos. Porque así como mis hijos me necesitan, mis muchachos también me necesitan».