TEGUCIGALPA, HONDURAS. Con apenas 28 años de edad, Ramón Alberto Ordóñez, es un ingeniero químico y máster en ciencia e ingeniería de alimentos que pretende desarrollar una alternativa a los envases plásticos tradicionales, para que estos sean biodegradables y aporten beneficios adicionales al alimento.

En entrevista exclusiva a TIEMPO Digital, el hondureño recordó que infancia y adolescencia no obtuvo buenas calificaciones, pero que pese a esto sacó su maestría y continúa especializándose, ahora, en un programa de doctorado.

Originario de San Marcos de Colón, en el departamento de Choluteca, Ordóñez acaba de culminar un máster en ciencia e ingeniería de alimentos en la Universidad Politécnica de Valencia.

“Recién ingresé al programa de doctorado en la misma orientación. Me encuentro en el grupo de investigación científica de una de las universidades más influyentes del mundo. Es un honor trabajar a ese nivel. Cada día aprendo algo nuevo”, manifestó Ordóñez.

Asimismo, detalló que está desarrollando biomateriales activos y biodegradables para aplicaciones en envases de alimentos. Esto, con el fin de proporcionar alternativas a los plásticos convencionales utilizados en la industria de alimentos.

“Con polímeros de origen sostenible y que sean fácilmente degradables para evitar la problemática mundial de la acumulación de plástico”, explicó el ingeniero.

Añadió que la investigación también pretende que dichos materiales aporten un beneficio adicional al alimento. “Ya sea mejorando su conservación o propiedades organolépticas y de calidad; es por ello que se les llama activos”.

Sus Orígenes

A criterio de Ramón Ordóñez, nació en uno de los pueblos más hermosos de Honduras, San Marcos de Colón.

“Uno de mis orgullos es haber nacido en un lugar con ahora un patrimonio de la humanidad”, manifestó. En la actualidad se encuentra fuera del país, especializándose en Valencia, España.

“Mi papá me enseñó a trabajar y el valor de la educación desde muy temprano; siempre me decía que nuestro conocimiento y educación es lo más valioso que podemos tener y es algo que nadie nos puede quitar”, recordó el entrevistado.

Asimismo, compartió que durante su infancia y adolescencia no tenía claro qué quería hacer de adulto. Además, aseguró que no tenía buenas calificaciones ya que no se enfocaba en la secundaria.

“Sin embargó siempre me gustó leer y soñaba con viajar a otros países y aprender de su cultura. Pero mi dedicación a las ciencias no llegaría sino hasta al final de mi secundaria”, aseveró Ordóñez.

“Si pudiera volver a escoger, volvería a estudiar ingeniería química sin dudarlo”

“Descubrí mi carrera y mi pasión por la ingeniería y las ciencias gracias a una maestra muy dedicada. Pese a mis calificaciones, ella siempre me decía que podía hacer las cosas mejor. Gracias a sus consejos un día tomé un libro de química general y aprendí sobre los procesos industriales que implican cambios químicos y físicos. Me di cuenta que me quería dedicar mi vida entera a esto”, dijo Ordoñez. “Hoy por hoy, si pudiera volver a escoger, volvería a estudiar ingeniería química sin dudarlo”, añadió.

Ordoñez detalló que luego de graduarse de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), laboró más de dos años en su sector.

“Decidí que estaba listo para seguir adelante en mi desarrollo profesional. Envié mi solicitud ingreso al máster solamente a una universidad. Cuando recibí la aceptación di preaviso en mi trabajo. Un par de meses después recibí mis prestaciones, vendí mi carro y siempre con el apoyo de mis padres me fui a sacar mi máster a Valencia”.

Sueños y metas

Una de los propósitos de Ordoñéz es regresar al país y apoyar en la investigación, la industria y en la educación de profesionales.

“Siempre he pensado que Honduras necesita más científicos”, argumentó el ingeniero. “Mi meta es poder desenvolverme como investigador en el área del procesamiento de alimentos; poder pasar lo que aprendido, si pudiera algún día, en mi alma máter la UNAH. A su vez, otra de mis metas es crear una empresa en la que pueda aplicar mis conocimientos. Podamos innovar en la industria alimentaria hondureña y generemos empleos para quienes más lo necesitan”, declaró el científico.

Además, al regresar al Honduras, plenea dejar un legado: “quisiera un día poder ver las industrias trabajando de la mano con las universidades en investigación para el bien de la nación; es el cambio que quiero apoyar y dejar a Honduras”, aseveró Ordóñez.