HISTORIA HUMANA: Patrick, el hincha ciego de Olimpia que le anotó un gol a Inglaterra

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Patrick
Kaki, como le conocen sus seres queridos, está próximo a ser periodista. Ha aprendido a valerse por sí mismo y tiene grandes amores, como el fútbol.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Nació prematuro; su vista se apagó poco a poco hace mucho tiempo y no comparte con su padre biológico. La adversidad alimentó su necesidad de superación y Patrick está a un par de pasos de ser periodista.

Patrick Josué Ayestas Velásquez, «Kaki» como le conocen sus seres queridos no se dejó caer por la discapacidad que tiene; por el contrario, se permitió de una u otra forma empezar a cumplir todos sus sueños.

Pasiones, amores, metas próximas y objetivos a largo plazo: Patrick decidió mostrarle al mundo que puede hacer todo lo que creerían que no.

En solo unos días, cumplirá 29 años; nació un 9 de enero en Tegucigalpa. No obstante, desde el día de su natalicio, debió luchar por salir adelante.

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Ciego producto de una negligencia

Hace tres décadas, Indira Velásquez tenía solo 17 años; estaba embarazada y esperaba dar a luz en unos meses.

No obstante, todo tuvo un súbito cambio: Fuertes dolores comenzaron, aunque ella estaba clara que no era su tiempo aún.

Decidió ir a un hospital, donde presentó complicaciones, y tuvo que tener un parto prematuro. Nació Patrick; llegó al mundo con solo seis meses de gestación.

El anticipado nacimiento resultó en un bebé débil, que necesitó una incubadora por tres meses para simular el vientre materno.

No obstante, según “Kaki”, esa incubadora se convirtió en el enemigo que cambió su vida, a consecuencia de una presunta negligencia.

«Enfermeras del hospital no se percataron que no me habían tapado bien los ojos y la luz de la incubadora me los dañó; por eso quedé ciego» contó Patrick Ayestas.

El daño fue irreversible. Un mes tras su salida del hospital, su madre, Indira, notó anomalías en la mirada de su pequeño «Kaki», por lo que optó por llevarlo a un oftalmólogo.

Se resignó al destino; sus recuerdos visuales son escasos

El especialista ocular lo examinó y le reveló la verdad que giró su mundo entero: Perdería gradualmente la visión, su nervio óptico tenía afectaciones irremediables.

Patrick y su madre no se quedaron de brazos cruzados e intentaron buscar ayuda por doquier; incluso enviaron sus documentos médicos a Estados Unidos pero la negativa era contundente. No había manera, su visión no volvería jamás.

Por lo anterior, la entonces madre soltera y su infante recibieron tratamiento psicológico para afrontar la situación.

Ayestas quedó ciego completamente a los seis años y medio, y afirma que las imágenes que quedaron grabadas en su memoria son muy pocas.

«Recuerdo el barrio donde crecí (Barrio El Bosque), como era antes. Tengo presente que yo jugaba en calles de tierra; recuerdo los colores fuertes, el amarillo, rojo y blanco. Lo que sí no puedo recordar son los rostros; en la noche me pongo a pensar a ver si me recuerdo de las caras de mis familiares y no puedo. Lo que más me mata es no recordar el rostro de mi mamá«, detalló.

Infancia y Juventud 

Cuando su vista se cegó totalmente, su madre tomó la determinación de matricular al niño Ayestas en la escuela para ciegos Pilar Salinas.

Allí, Patrick aprendió a hacer las actividades cotidianas y a valerse por sí mismo; además, recibió enseñanzas habituales de la academia. De igual manera, adquirió la destreza de escribir en braile, método de escritura propio de las personas con discapacidad visual.

Al concluir su educación primaria, fue apuntado por su madre y padrastro en el Instituto San Francisco para continuar sus estudios; pues, a pesar de la desaparición de su progenitor biológico, cuando él tenía diez años su madre Indira se casó con Ricardo Ayestas. Este hombre se convertiría en un apoyo incondicional para el joven.

En toda su etapa académica básica disfrutó de correr, recrearse y conversar con sus amigos escolares, pero, esencialmente, chutear el balón. Siempre amó el fútbol.

El fútbol su mayor pasión; Olimpia su más grande sentimiento

«Mi deseo desde pequeño siempre fue ser un jugador profesional. Yo decía que quería jugar en el Olimpia» comenzó diciendo sobre su gusto por el balompié.

Mas, ¿cómo llegó Patrick al mundo futbolístico y a amarlo tanto? Él responde:

«Mi abuelo, que es gran aficionado del Marathón, me ponía a escuchar partidos con él. Desde ahí me entró la curiosidad por ese deporte y gracias a Dios apareció en mi vida Olimpia», relató.