HISTORIA HUMANA: Nelson Amador, un pintor que casi pierde la vida por hacer lo que más ama

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Nelson Amador
Al pintor, Nelson Amador, el plomo que contiene el óleo afectó la melina de su cerebro y mató su motor fino.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Nelson Omar Salgado Amador, nació en Tegucigalpa enl año de 1969, actualmente tiene 50 años de edad.

Él es un reconocido pintor hondureño y esta ocasión le relataremos la razón por la que dejó de ser instructor de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Salgado Amador, inició la pintura al salir de la primaria a los 12 años. Hasta la fecha coloreó 106 murales en varias partes del país.

Nelson Amador estudió cuatro años y medio la carrera de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), pero no logró concretar su aspiración profesional.

En su vida personal, aseguró que no se casó con su ex pareja, pero sí lograron procrear una hija que hoy tiene 28 años. Él asegura que tiene una buena relación con ella.

Además sostiene que tanto la madre de su hija, como ella, son sus mejores amigas porque lo apoyan en todo lo que necesita.

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Su infancia

De su infancia, don Nelson recuerda cuando en la época de navidad, su abuelo le daba cajas de juguetes.

“Nos llevaba ropa. Era un señor tan especial,  él trabajaba en la antigua ‘Casa Uhler‘. Es un señor que recuerdo con tanto amor y tanta nostalgia al mismo tiempo. Esa época era la más bella, pero ahora la más triste, porque como él, se ha ido la gente linda con la que compartí momentos inolvidables”, relató.

Respecto a la relación con su hija, don Nelson expresó que es algo maravilloso. “Es mi amor y me ha regalado dos nietas preciosas que me dicen “abuelo loco”, comentó.

Consultado sobre cuál es su principal don aparte de la pintura, indicó que es amar a las personas. “Ese es el don más grande que Dios me dio”, aseguró.

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Sus obras

Don Nelson contó que su primer cuadro que hizo es folklórico, “es algo bien mío”. “Teníamos dos perros en la casa, un pastor alemán y un doberman, un día con mi papá decidimos hacerle una casa y sobre ella hice una ilustración”, expresó.

En relación a los lugares que están sus 106 obras, detalló que los hondureños los pueden apreciar en Cantarranas, Catacamas, Santa Bárbara, Choluteca, La Ceiba y Tegucigalpa en el «casco histórico».

Para don Nelson, una de sus pinturas más hermosa es la que realizó en el «Polideportivo» que está en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Asimismo, dijo que de los artistas internacionales, sus ilustraciones favoritas son:

  • La «Sagrada Familia» de Miguel Ángel,
  • Después está la «Adoración de los Magos» de Pedro Pablo Rubens.
  • Y otra muy hermosa, pero fue hecha por un pintorcito qué se llama Nelson Salgado, contestó jocosamente.
Nelson Amador
Uno de los murales artísticos que ha pintado don Nelson Amador.

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Don Nelson siente tristeza porque la gente ve sus obras con indiferencia

Siento tristeza porque muchas personas caminan por el lugar y ven mis obras con indiferencia. Pero también hay quienes se acercan a mirar lo que yo hago. No soy artista, me defino como un pintor. Artistas eran Miguel Ángel, Leonardo, tipos con los que era difícil platicar, solo se podía escuchar”, señaló.

Para don Nelson, la pintura es lo que me mantiene vivo por lo que, asegura que toda mi vida va a pintar.

Me enfermé. El plomo que contiene el óleo afectó la melina de mi cerebro y mató mi motor fino. Eso me condenó a vivir seis años en una silla de rueda sin poder hablar,  escribir, pintar y caminar. Un doctor me dijo que jamás volvería a hacer esas actividades. Soñé con ser piloto, pero no se me dio la oportunidad porque tenía problemas visuales, también quise ser médico, pero mi deseo más grande era ser arquitecto y nunca pensé terminar en Bellas Artes”, describió.

Igualmente, don Nelson contó que se desempeñó por un año como maestro de Bellas Artes. Sin embargo, desgraciadamente la envidia y otras situaciones del hombre le hicieron salir de ese lugar, aseguró.

En mi trabajo hago cuadros valorados en dos mil lempiras y la gente me dice L. 200 te doy si quieres. Yo los acepto por mi necesidad, porque tengo que comer todos los días”, lamentó don Nelson.