HISTORIA HUMANA: Meylin Hernández rompe estereotipos laborando como mecánica

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Meylin Hernández
Su pasión por la mecánica comenzó cuando le ayudaba a su papá a cambiar el aceite y las llantas.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Este sábado se conmemora el Día la mujer hondureña, y en Diario Tiempo Digital queremos enaltecerlas con la historia de una joven que rompe estereotipos. Ella es Maylin Carolina Hernández Gaitán, una joven que desafía el trabajo duro, trabajando en la mecánica, un oficio dominado por los hombres.

Sin haber realizado contacto con Maylin, Diario Tiempo Digital se trasladó hasta la ciudad de Danlí, El Paraíso, para conocer su historia. Después de preguntar en varios lugares por el paradero de la joven, pudimos contactarla y entablar una plática con ella.

Mecánica
Para poder conocer la historia de esta joven, nos trasladamos hasta la ciudad de Danlí, El Paraíso.

Tímida y callada desde niña

Maylin, de 18 años de edad nació en la ciudad de Danlí, El Paraíso, y es hija única por parte de papá. Su infancia fue como la de cualquier otra niña, sin embargo, ella contó que no era de las niñas que jugaba con bastantes niños.

«Siempre fui una niña muy callada, no jugaba mucho, me encerraba y me ponía a hacer tareas», agregó la oriunda de la ciudad de las colinas.

Pero con el pasar de los años, la timidez de Meylin Hernández ha ido desapareciendo. Ella nos contó que siempre ha sido una joven bien tranquila.

El Centro Básico Dionisio Herrera de los Arcos, vio dar los primeros pasos en su vida educativa. Allí estudio desde el kínder hasta la primaria. Durante su paso por este centro, siempre trató de mantener su promedio alto. Luego pasó a estudiar al Centro Vocacional Técnico Pedro Nufio.

Meylin Hernández: «Vengo de una familia de mujeres luchadoras»

Esta joven que está rompiendo estereotipos proviene de una familia numerosa, no obstante, ella solo tiene un hermano por parte de mamá. Además, nos contó que es hija única por parte de papá.

Asimismo, mencionó que «somos una familia de mujeres luchadoras, guerreras, bastante guerreras, eso lo llevamos en la sangre. Siempre he buscado que hacer y no quedarme con los brazos cruzados».

Amante de la mecánica y soldadora de profesión

Meylin Hernández nos contó que su amor por la mecánica inició cuando su padre la llevaba de viaje y en ocasiones se dañaba el carro. «Él me llevaba a buscar los repuestos, también cuando lo acompañaba a cambiar el aceite», recordó.

Seguidamente, expresó que «yo he sido bien preguntona desde chiquita, bien curiosa y le preguntaba a mi papá ¿qué es papi?, ¿en qué le puedo ayudar?. Así fue como él me empezó llevando a las llanteras a cambiar llantas, a mí me interesaba eso, lo miraba bien interesante».

Pero fue hasta en abril del 2019 que Meylin comenzó a trabajar en un taller. Ella contó que su tío le comentaba que había comprado tal pieza de carro. En ese momento, la joven dijo: «Fíjese tío que me gustaría ir al taller».

Muy asombrado por lo que Maylin le había dicho, su tío le pregunto que si estaba segura porque era un trabajo muy pesado.

«Mi tío me fue llevando, él pensó que solo era como un pasatiempo, que yo con el tiempo lo iba a dejar, pero seguí y aún sigo yendo», agregó.

Pero Meylin, no solamente es mecánica, sino que también estudió estructuras metálicas en el instituto Pedro Nufio. Además de estos dos oficios, ella también actúa.

«Yo era bien tímida, pero un día me dijeron vamos a hacer un sketch, y yo les dije que estaba bien, actué natural como si estuviera hablando con mi tío. En realidad no lo sentí tan difícil», explicó.

El aprender mecánica, soldadura y actuar no es suficiente. Según exteriorizó, también mira vídeos tutoriales de cómo manejar la cámara.

Para Meylin Hernández no ha sido facil incursionar en la mecánica

Para Meylin Hernández, incursionar en la mecánica ha sido difícil, pues mucha gente se burlaba de ella. Esto, debido a que cuando regresaba del taller a su casa iba toda sucia, y le preguntaban de dónde iba.

Ante las preguntas y burlas de la gente, ella sin apenarse por su trabajo les decía que estaba trabajando en un taller de mecánica. Sin embargo, muchas de estas personas le decían qué iba hacer ahí.

«Habían personas que me decían que iba a jugar, porque las mujeres no pueden hacer nada, que mi lugar estaba en la cocina. Ya es hora de cambiar, no todo el tiempo será así», dijo con firmeza la joven danlidense.