HISTORIA HUMANA: Iris Baquedano, sus labores domésticas la impulsaron a ser nutrióloga

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Iris Baquedano
Iris Baquedano sostiene que no se dará por vencida y que logrará su sueño de graduarse.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Iris Baquedano cuenta parte de lo que ha sido su vida y se describe como una luchadora inagotable. Su vida no ha sido fácil, pero jamás se rinde. El sueño de superarse la llevó a trabajar desde pequeña para pagar sus estudios. Iris trabajó como empleada doméstica desde muy joven y ahora está a pocos pasos de convertirse en nutrióloga.

Iris nació en la comunidad de San Bernardo, municipio de Namasigüe del departamento de Choluteca. Ahí, desde muy pequeña disfrutó de la compañía de sus padres y de la belleza de vivir en un tranquilo sitio del sur del país. Cursó la primaria en una escuela de su comunidad, en el Instituto Mercedes Moreno. Empezó a trabajar desde los 12 años y siempre estuvo decidida a estudiar.

Aunque trabajar y estudiar se le hacía algo difícil, a los 16 años logró iniciar la secundaria con la misión de graduarse y poder entrar a la universidad. Por tanto, Iris decidió mudarse a Tegucigalpa para poder seguir con sus estudios e ingreso al Instituto Central Vicente Cáceres. Ella estudio en el sistema a distancia para poder trabajar y con ello cubrir sus necesidades diarias.

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Iris trabaja por sus sueños

Iris cuenta que su infancia no fue fácil, pero cada cosa la convirtió en una luchadora que está decidida a salir adelante por sus sueños y triunfar.

«Hasta donde recuerdo, al crecer con mis papás no siempre tuvimos todo lo que deseábamos, a veces comíamos y otras veces no. Mi mamá tenía que vender cosas para poder darnos el pan de cada día, pero a veces no lo conseguía», señala.

Iris recuerda que ella y sus siete hermanos siempre han ayudado a su madre, con ella halaban agua de un río que se encuentra cerca de su comunidad. Para elaborar sus alimentos buscaban leña para cocinar.

«Mis padres siempre fueron de bajos recursos. Viajábamos bastante para ir a la escuela y solo llevábamos nuestro cuaderno en la mano. Desde la casa hasta la escuela nos tomaba media hora de camino y para regresar también caminábamos mucho».

Iris cuenta que de pequeña se iba a dormir desde temprano para madrugar y empezar con un nuevo día. Comenta que no tenían televisión o algún tipo de tecnología como la que la mayoría acostumbra. «Yo no conocía los televisores hasta que ya estaba más grande», recordó.

«Yo vendía paletas y charamuscas en aldeas cercanas para ayudarme con los estudios y en ese trayecto que realizaba para vender mis productos´, me pasaron muchas cosas que prefiero no recordar», indicó.

Iris llega a Tegucigalpa para ir a la universidad

Cuando Iris emprendió viaje a la capital para empezar a laborar, ella ya había cumplido sus 15 años. Siempre dividía el tiempo en estudios y trabajo.

En el año 2005, Iris comenzó a laborar como empleada doméstica y solo ganaba L1000 lempiras al mes, dinero que ella invertía en sus estudios y en sus gastos diarios.

El gran sueño de Iris de estudiar en la universidad inició en el año 2015, se matriculó en la carrera de Nutrición y aunque no podía llevar tantas clases como ella deseaba, debido a que su trabajo como empleada doméstica le quitaba muchas horas del día, ella avanzaba poco a poco y sin detenerse.

Al escuchar de las becas que se otorgan a alumnos con buenas calificaciones, Iris decidió buscar información y solicitar una beca. Gracias a su esfuerzo y dedicación en sus estudios, Iris logró obtener dicha beca para ayudarse con sus gastos de la universidad.

Decidida ante las circunstancias

«Cuando llegué a Tegucigalpa vine con mi mamá, ya que ella me trajo directo con las personas con las que iba a empezar a trabajar. Aprovechó para darme las recomendaciones del trabajo. Trabajé con esa familia un año completo y luego volví a los estudios. Eso pasó cuando entré al Central Vicente Cáceres«, dijo Iris.

Al recordar todo ese proceso, con lágrimas en los ojos, Iris cuenta que su propósito siempre ha sido salir adelante y que Dios siempre la ha acompañado en cada momento difícil de su vida.

«Creo que Dios es grandioso ya que siempre me ha cuidado de las humillaciones que he recibido en mi vida. Hubo gente que me trató muy mal, pero también hubo gente muy buena en mi camino. Con la gracia de Dios he salido adelante y me ha hecho fuerte en todo momento», cuenta Iris.

Avanzando en su carrera universitaria

Con mucha alegría, Iris señala dice que ya se encuentra en el segundo año de su carrera de Nutriología. «Aunque tuve muchos retrasos, cálculo que muy pronto me graduaré», reiteró.