HISTORIA HUMANA| Roxana Castro, seis años de hipertiroidismo que se agravó en meses por el COVID-19

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Roxana Yamileth, espera la aprobación del médico para determinar el tratamiento que le ayudará a erradicar su enfermedad.

Seis años han pasado desde que Roxana Yamileth Castro García recibió un diagnóstico de hipertiroidismo, enfermedad que cambió su vida personal, laboral, incluso familiar, y que se agudizó con la pandemia del COVID-19 debido a que los escasos o nulos ingresos económicos le impidieron por más de tres meses comprar su tratamiento.

Desde que era una adolescente, la vida obligó a Roxana a madurar con cada golpe que le daba. Su madre salió de Honduras y la dejó a cargo de sus tres hermanos menores; la más pequeña apenas tenía tres años de edad, recordó nostálgicamente la ejemplar hondureña mientras sostenía una conversación con el equipo de TIEMPO DIGITAL.

En el barrio La Soledad, de la colonia San Francisco de Comayagüela, Roxana les dio una crianza a sus hermanos, sobreponiendo en varias ocasiones su futuro, por darles uno mejor a ellos.

“Hice el rol de madre, hermana, doctora, etc., fue difícil lidiar con esa responsabilidad, pero también me ayudó a formarme como lo que hoy soy: una mujer de carácter, decidida, responsable y amorosa”, dijo la alegre hondureña.

Además de todas esas responsabilidades, Roxana también debía cumplir con sus estudios, pero los cuidados de sus tres hermanos le llevaban toda una jornada. Aun así, su disciplina era mayor que los obstáculos y decidió matricularse en el colegio Superación San Francisco de la zona y culminó su secundaria en la jornada nocturna.

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Faceta de madre

Tras varios años de sacrificio, la vida premió a Roxana y le permitió dar a luz a un “hermoso varón”, según lo comentó ella. La madre hondureña transpira felicidad cada vez que se refiere a su primogénito.

Los tropiezos en la vida de la capitalina no mermaron tras convertirse en madre, cuatro años más tarde, tuvo que lidiar con la muerte de su pareja. Él falleció en un accidente, del que Roxana no dio más detalles.

Desde entonces, sacó adelante a su hijo sola, aunque reconoció que recibió ayuda de su familia, la mayor responsabilidad recaía sobre ella. Roxana se sacrificó para que a su hijo no le faltara la educación y el alimento.

Hoy, su hijo ya tiene 22 años de edad y es un profesional universitario, quien también fue separado de su empleo a causa de la pandemia, pero su perseverancia le ayudó a posicionarse en un nuevo puesto de trabajo.

A la espera de una decisión

Pese a todas las dificultades que vivió desde niña, es una mujer que transmite paz, alegría, serenidad y positivismo, pero así como pasa el tiempo, su enfermedad avanza y los ingresos económicos en su hogar son limitados.

Para poder mantener a su hijo, Roxana laboraba en tres lugares antes de la pandemia: ayudaba con el aseo en dos diferentes empresas privadas y por las tardes cuidaba a unas niñas en casa de un familiar.

Pero el COVID-19 agudizó su crisis financiera, su enfermedad tomó fuerza debido a que dejó de tomar sus medicinas. Según Roxana, en el hospital no proveyeron de su medicamento durante toda la pandemia, extremo que la obligó a comprarlo, pero su elevado costo no le permitió seguir adquiriéndolo y varios meses lo dejó.

Con la reactivación económica, Roxana pudo recuperar uno de sus empleos y de inmediato acudió a una nueva cita médica. Las noticias no fueron nada alentadoras.

“La doctora me dijo que solo tengo dos opciones: una cirugía o el tratamiento de yodo radioactivo”, relató Roxana. Este último tiene un costo superior a los 25 mil lempiras pero para determinar la decisión, primero deben hacerle una biopsia, examen que también es costoso.

Con la noticia, la familia de Roxana se sorprendió, pero ahora lo han asimilado. «Además que se trata de una enfermedad silenciosa porque mí no me dio síntomas graves”, indicó.

Esperanza

Finalmente, la madre soltera sostuvo que el hipertiroidismo le ha cambiado la vida en gran manera. “Esa enfermedad afectó la convivencia con mi familia, porque ellos no entienden los cambios de humor que provoca”.

Pero Roxana espera que cuando la doctora vuelva a llamarla para una nueva evaluación, el panorama se tornará menos opaco. Asimismo confía y podrá seguir disfrutando de su hijo a quien ama más que nadie y del resto de su familiares y amigos.