HISTORIA HUMANA | Con 98 años, Elvia trabaja para alimentar animales en la calle

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No padece de enfermedades cardíacas, tampoco de diabetes ni de ninguna patología de base. Es una mujer longeva muy sana. Además, no tiene problemas para andar «de arriba para abajo».

¿Cuál es su secreto? Le pregunté. Era una pregunta indispensable. Debía averiguar cuál es el antídoto o qué favorecía su casi centenar de años y sintiéndose tan bien. Una vez más, me dejó atónito con su respuesta.

Pensé que diría que no ha tenido vicios en su vida, que toma remedios naturales, o que solía hacer ejercicio con frecuencia; algo por el estilo. Mas, clamó de forma eufórica: «¡El amor a Cristo! y también la oración».

«La iglesia es primero, después lo demás», agregó con firmeza. Seguido, comentó que continúa siendo una visitante infalible en las reuniones eclesiásticas; por tanto, está molesta porque actualmente están cerrados los recintos de adoración divina.

Elvia
Elvia tiene 98 años. Aquí una postal de cuando recibió esa edad; lo celebró con pastel, «cupcakes» y globos.

Amor a la calle

Es interesante conocer cuál es la rutina de una mujer que avizora su llegada a los tres dígitos (100 años). Elvia, su nieta, nos relató brevemente cómo es el día a día de su abuela.

«Se levanta desde las 4:30 de la mañana, tempranito. Después toma café y desayuna. Luego le abrimos la puerta para que se vaya», detalló.

Sin embargo, ¿para que ella se vaya hacia dónde? Bueno, cabe decir que la señora Elvia ama salir a la calle. No hay un solo día que se quede encerrada en su hogar; aún en plena pandemia de COVID-19, se aventura al «laberinto estructural» de la capital.

La anciana explicó que su anhelo por salir siempre es debido a que «la calle distrae». En ese sentido, contó que una amiga suya, que tenía mucho dinero y hasta alquilaba casas y tenía una pulpería estaba «quedando como loca».

Sin embargo, esa amistad visitó un galeno y él le dijo que saliera a la calle para que se sintiera mejor.

Por tanto, ella no deja de salir. Incluso, en este tiempo de crisis sanitaria, camina por las calles sin mascarilla o alguna protección. Al respecto, volvió a hacer una alusión a sus creencias religiosas. Acotó que no le da miedo andar así porque «camina con Cristo».

«Me levanto y oro el padre nuestro. También antes de salir, cuando llego y cuando me acuesto. Siempre estoy en oración porque eso es lo que le gusta a Dios», manifestó Elvia.

«Señora de los Perros»

Ahora bien, no es cuestión de que Elvia sale simplemente a deambular por ahí. Sale con propósitos. Para empezar, siempre lleva consigo un grupo de manteles.

Esas piezas de tela, con habitualidad, se las consigue su nieta. Pero, ante los toques de queda, ahora las consigue a través de conocidas. Lo que hace ella es revender los productos y así se agencia algunos centavos.

Después, compra pan y carne (bistec) y se aproxima a la parada de buses en la colonia Alemán. De inmediato, se sienta o se recuesta sobre las aceras y comienza a alimentar a los animalitos que llegan. Usualmente la rodean los perros y las palomas.

Es por esa acción tan noble que se ganó el apodo de la «Señora de los Perros». Y es que ella ama a los seres vivos; dijo que desde chiquita le gustó eso de darles un bocadillo a los animales callejeros.

«Toda la vida me han gustado los animales. Quiero a todos; a los gatos, perros y palomas», expresó la entrevistada. Es decir, sin importar su edad, ella es la guardiana de los animales del sector, que siempre están a la expectativa de qué les llevará.

Según especificó, otro porqué de que vende manteles es porque le gusta sentirse más útil. Es una señora muy independiente, que no le gusta que hagan las cosas por ella. Con el «billetío» que le sobra, lo guarda y tiene sus ahorros. No anda pidiendo nada.

Aunque, sí admitió que cuando se encuentra gente por la calle a veces le regalan dinero o algo de comer. Eso sí, aclaró que si identifica que le dan algo por pura lástima lo rechaza, dado que ya no circula en búsqueda de limosnas.