HISTORIA HUMANA | Dinia Cerna, vendiendo pan desde casa logró graduar a tres de sus siete hijos

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dinia cerna
Tres de sus hijos graduados, dos son pasantes universitarios y los dos restantes están en proceso educativo.

Un ejemplo de perseverancia, constancia y emprendedurismo es Dinia Cerna Argueta, quien hace 16 años inició la venta de pan desde su casa, para sacar adelante a sus cinco hijos, hoy profesionalizó a tres de ellos y los dos restantes son pasantes universitarios.

Tiempo después procreó, junto a su esposo, Mario Benítez Maradiaga, dos hijos más, quienes actualmente cursan la primaria en un centro educativo de la capital.

Dinia Cerna es madre, esposa y microempresaria e inició su negocio con un improvisado horno de leña debido a la situación económica que pasaba en aquel entonces, según relató a TIEMPO DIGITAL.

El arte de hornar pan lo aprendió de su madre, doña Reina Argueta, y con el tiempo fue perfeccionando la técnica; hoy es dueña de una de las panaderías favoritas de los capitalinos.

«Desde que era una niña miraba a mi madre y aprendí con ella. Luego, con muchas dificultades inicié con este proyecto hace 16 años en mi casa, aquí lo hacía en horno de leña», recordó Dinia con mucha nostalgia.

«Gracias a Dios nuestro producto tuvo muy buena aceptación y con el olor al pan recién horneado, fuimos haciendo clientela», continuó relatando.

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«Inicié sola en casa, hoy tengo dos locales»

Cuando Dinia inició la venta de pan, ya tenía una familia numerosa. Esto generó mayor necesidad, situación que orilló a la ejemplar hondureña a aumentar su producción para sustentar a sus hijos.

«Inicié sola, yo hacía el pan y lo horneaba y los clientes entraban a mi casa a comprar. Con el tiempo se fueron involucrando mi esposo y mis hijos, luego abrimos locales y ahora tengo cinco empleados y siempre nos involucramos todos», expresó Dinia.

«Inicié el negocio ante la necesidad de tener una familia grande y deseos de salir adelante para ayudar a mi esposo, ya que en ese entonces tenía 5 hijos», agregó.

De acuerdo con la entrevistada, el capital y la mano de obra fueron las mayores dificultades que enfrentó cuando inició la venta de pan. «Pero yo quería salir adelante y no podía salir de casa porque debía cuidar de mis hijos y al mismo tiempo generar dinero para nuestras necesidades, ya que eran muchas por el número de hijos».

Dinia ahora tiene dos locales, uno en la aldea Las Casitas y otro en la colonia 15 de Septiembre.

Le apasionaba la Psicología

La microempresaria cedió sus sueños profesionales para ofrecer una mejor educación y estilo de vida para sus siete hijos. Y gracias a ese sacrificio, su hijo mayor ahora es licenciado en Finanzas; el segundo hijo es técnico en Laboratorio y el tercero se especializó en la Gastronomía. Mientras que, dos de ellos, son pasantes universitarios y los más pequeños cursan la primaria.

Según la madre emprendedora, siempre le gustó la psicología, profesión que habría querido ejercer, pero por las circunstancias «no pensé que iba a seguir estudiando en la universidad. Luego salí embarazada de mi hijo y seguí luchando para no dejarlo solo al cuidado de otra persona», explicó.

Consultada sobre cuán difícil es sostener un negocio con miembros familiares, Dinia respondió que «a veces es cuestión de comprenderse, tener paciencia, amor y fe al trabajo, sabiendo que todos dependemos de esto».

Además, aseguró que sus hijos consideran su negocio como una bendición para todos, sin mencionar que «supieron aprovechar el tiempo, y al ver el sacrificio de todos se sienten orgullosos de su madre y unos más que otros le ponen más amor», subrayó.

Madre, esposa y microempresaria

Dinia viene de una familia humilde, pero eso la impulsó a querer mejorar la calidad de vida de sus hijos. Aún sabiendo que debía «multiplicarse» en las tareas diarias. Sacrificio que hoy rinde frutos y que, según ella, no se arrepiente de haber dado todo por sus retoños.

«No ha sido fácil ya que hay que dedicarles tiempo a todos y se vive una vida agitada, pero con la ayuda de Dios salimos adelante. Por momentos me siento agotada o desesperada porque hay mucho trabajo y hay que atender la clientela a como dé lugar», precisó.

Asimismo, Dinia aseguró que también se esfuerza por mantener a sus clientes satisfechos. «Las personas no saben cómo es que se trabaja para poder brindarle un buen producto que salga excelente a la vista y este se mantenga siempre con el mismo sabor de cuando inicié, aunque voy mejorando en el camino», añadió.