HISTORIA HUMANA | César Román: «Soy un niño de 41 años que no deja de soñar»

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César Román
César Román es el autor de la viral pintura de un bombero hondureño. Su historia de superación merece ser contada.

¿Papá?, «crecí sin él, desapareció». ¿Mamá? «Migró cuando yo tenía 10 años». ¿Facilidades? «Vengo de una familia con bastantes dificultades y limitaciones».

¿Sabía usted, que el término «pedregal» define un lugar lleno de piedras? Bueno, el protagonista de esta historia se crió en la colonia El Pedregal de Comayagüela. El nombre del sitio que lo vio crecer no podría estar más de la mano con su vida.

Y es que su camino nunca fue sencillo, repleto de obstáculos, como si fuera un pedregal. Pero, se esforzó y sacrificó mucho en búsqueda de su anhelo, crecer como pintor. Quizá el término que mejor le quedaría es «artista», pero la humildad que denota lo abstiene de imponerse un calificativo como tal, y prefiere solo agradecer cuando así le llaman.

César Román, prolífico y distinguido pintor hondureño, conversó en exclusiva con Diario TIEMPO Digital. Se sinceró y nos permitió conocerlo más allá de lo que plasma en sus obras, aunque en ellas exhibe destellos de su personalidad.

Tal vez, de forma inconsciente, usted ya conocía un poco de él; y si es así, realmente sabe de una joya que lo identifica.

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«Hombres con valor»

Román es el autor de la pintura «Hombres con valor», donde figura un bombero a quien se le fotografió tras un día donde combatió un incendio en La Tigra y otro en un mercado. También se perciben médicos en su labor de atención contra el COVID-19, y un par de policías, quienes prestan su apoyo ante la crisis.

Él denomina a ese retrato como su mejor pieza de arte. Asegura que simplemente apareció en el momento que el pueblo hondureño la necesitaba.

«No fue algo que me complació solo a mí. Se hizo viral y la gente logró captar la comunicación que yo quería dar. Es la más importante y que ha dejado un valor y conmovido al público», declaró.

«No sólo es mía, es de un montón de gente que la hizo suya. No solo los bomberos, la gente que la anda en sus perfiles, gente que a nivel nacional e internacional la ha compartido. Ha sido un éxito total», agregó.

Román
Obra «Hombres con valor», del artista hondureño César Román («Watercolor»).

Un niño travieso e interesado por la pintura

Su natalicio se registró un 16 de abril de 1979 (tiene 41 años) en Tegucigalpa. Su niñez no fue la más deseada; sufrió, de una forma u otra, la ausencia de una figura paterna y materna. Además, su familia en general no siempre la pasó bien. Los problemas estaban a la orden del día.

«Vengo de una familia con bastantes dificultades y limitaciones. Mi mamá tuvo que migrar cuando yo tenía 10 años, por lo que quedé solo, sin una figura paterna o materna. Mi papá desapareció desde que nací», relató sobre sus primeros años.

Cabe aclarar que su progenitora partió en búsqueda de mejores oportunidades económicas. Desde el sueño americano, protegió a su vástago con aportes monetarios, pero él, se desarrolló sin una cálida afectividad de sus padres.

Cuando era un pequeñuelo, decía a las personas que, cuando fuera grande, sería un ingeniero o un arquitecto. Quería estar involucrado en la edificación de casas o de algo más.

No obstante, su amor por la pintura brotó desde que era aquel niño curioso y travieso. «Pasaba travesiando y me llamaba la atención lo que hacía mi tío Ulises Rivera, quien era pintor. Él a todos los sobrinos nos enseñaba un poquito, pero yo tenía interés y al final fui quien lo desarrollé», contó Román.

Un talento innato

Un pilar de su formación académica fue la observación. En el tiempo que se forjó en la escuela y colegio, por donde sea perdía su mirada contemplando cosas que parecían insignificantes para otras personas. Al notarlo distraído, le veían con extrañeza.

«Mi etapa académica fue de mucha observación. Desde chiquito veía todo en las exposiciones y la gente me miraba raro. También observaba revistas donde salía tal vez un cuadrito o algún dibujo en la TV que siempre me llamaba la atención», comenzó recordando.

Y prosiguió: «La observación fue básica en mi formación y sigue siendo así, solo que ahora tengo la capacidad de interpretar lo que veo. Siempre mantengo esa mirada analítica en mi alrededor. Cómo y por qué funcionan las cosas siempre fue mi pregunta».