HISTORIA HUMANA – Beneranda García: 30 años vendiendo tortillas para mantener a sus hijos; hoy enfrenta al cáncer

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Beneranda García
Doña Bene asegura que su fe le hará levantarse de la cama donde permanece desde hace dos meses.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Sin tener una formación profesional, ni venir de una familia acomodada, Beneranda García, una madre hondureña, logró llevar el sustento para sus tres hijos pese a no tener el apoyo de su pareja luego de que este sufriera un derrame cerebral y años más tarde muriera, dejándola con toda la responsabilidad que conlleva ser madre soltera.

“Doña Bene” como todos le llaman, nació un 14 de noviembre de 1952 en Texiguat, departamento de El Paraíso, zona oriental del país.

Siendo la menor de  tres hermanos, siempre destacó por ser la más atenta y servicial. Nunca olvidaba sus tareas y quehaceres, así lo mencionó uno de sus hermanos.

«Bene», se crió en el núcleo de una familia de bajos recursos económicos, donde la prioridad era trabajar para salir adelante pese a que ella y sus hermanos eran apenas unos niños.

Siempre soñó con asistir a la escuela, pero la falta de recursos le impidió que ese sueño se  hiciera una realidad.

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Inició como empleada domestica

Con solo 15 años de edad, Bene llegó a la casa de su abuela como empleada doméstica, donde tenía que hacer el oficio y atender a sus tíos en lo que le ordenaran.

De acuerdo a su relato, García asegura que sufrió durante su niñez, ella solo quería jugar como lo hacían otras niñas de su edad. Sin embargo sabía que necesitaba trabajar para poder subsistir.

Con una mirada perdida en el tiempo, Bene relató Diario TIEMPO DIGITAL que recordaba siempre decirse a sí misma que no quería esa vida para sus hijos, cuando lograra convertirse en madre.

A los 21 años, decidió viajar a la capital para probar mejor suerte, sin imaginar que conocería al amor de su vida, José Bautista Briceño.

La venta de tortillas se convirtió en su negocio

Una vez en la capital, Bene estaba consciente que debía seguir en constante esfuerzo para ayudar a su padres que quedaron en su natal Texíguat.

Es por ello, que inició a vender tortillas para unos mozos que laboraban en la casa donde se estaba hospedando.

Ella sabía que no era la mejor forma de hacer dinero, pero al menos le ayudaba para el sustento diario y colaborar en los gastos de la casa.

Al cabo de unos meses, conoció a quien sería el padre de sus tres hijos: Hector Eduardo, Ana Cristina y Jarin Alberto Briceño García.

La situación empezó a empeorar, las exigencias económicas incrementaron conforme a las necesidades de sus tres pequeños.

Doña Bene incrementó la producción de la venta de tortillas para generar mayores ingresos y su esposo le ayudaba a venderlas en su lugar de trabajo.

Perdió a su esposo

Para el año de 1987, don José sufrió un derrame cerebral que lo dejó postrado en una silla de ruedas. Las cosas empeoraron para ese entonces.

Según el diagnóstico de los médicos, un corto periodo de vida le quedaba a don José, por lo que le ordenaron el alta para que pudiera morir en su casa.

Esta noticia fue devastadora para la luchadora madre hondureña, pero movida por la fe,  este vivió 18 años más. Período de tiempo en que Bene tenía que velar por el cuidado de su amado esposo y el de sus tres hijos.

Trabajaba en varios lugares para alimentar a sus hijos

Una vez que se vio sola con sus tres hijos, Bene sabía que la venta de tortillas no le era suficiente e inició a trabajar en otras casas lavando y planchando.

Además, vendía productos de uso personal que se comercializaba en catálogos. Este trabajo le ayudó a mermar algunas necesidades.

Gracias a ello, logró graduar a una de sus hijas y ahora esta se dedica al cuidado de su madre en agradecimiento a cada sacrificio que realizó en su nombre y en el de sus dos hermanos.

Víctima de la violencia en Honduras 

Para el año 2011, Beneranda García sufrió el mayor dolor que una madre puede vivir, la pérdida de un hijo. Jarin García murió a manos de la delincuencia en Honduras.

Sujetos desconocidos le quitaron la vida de forma violenta en un sector de la colonia Cerro Grande de la capital. Hasta ahora el crimen continúa en la impunidad.

Este hecho sumergió a doña Bene en la depresión, hasta que su salud comenzó a deteriorarse, pero ella se refugió en la iglesia, lugar donde es servidora desde ese entonces.