HISTORIA HUMANA| Árboles de Justicia, ONG que restaura a jóvenes en riesgo social

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árboles de justicia
"Árboles de Justicia" es una ONG autosostenible que recorre las calles capitalinas para ayudar a los desamparados y llevarle la palabra de Dios.

Un sueño que inició con un grupo de jóvenes inspirados en la palabra de Dios, como ellos lo apuntan, hoy se hizo realidad al convertirse en la fundación «Árboles de Justicia«, cuyo principal lema es «amar al prójimo como a ti mismo».

De acuerdo con Noé Banegas, fundador de la ONG, todo inició con un grupo de adolescentes movidos por Dios, quienes vieron  la necesidad de hondureños desamparados y decidieron visitar los basureros y las calles para llevar comida y la palabra de Dios.

«No nos cabía en la cabeza ser hijos de Dios y estar encerrados en cuatro paredes haciendo nada, cuando en las calles, muchas personas morían de hambre y frío con muchas necesidades que nosotros podíamos suplir y cambiar sus vidas», dijo Banegas.

Entre los principales objetivos de Árboles de Justicia destacan:

  • Hacer justicia a los desamparados

  • Rehabilitación de menores en riesgo social.

  • Restauración de jóvenes en situación de calle, delincuencia y adicciones.

  • Restauración de mujeres y hombres en situación de prostitución y riesgo social.

Incluso durante la pandemia, los miembros de «Árboles de Justicia» brindan una mano amiga a los más necesitados.

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Cómo surge el nombre «Árboles de Justicia»

Árboles de Justicia es una ONG Cristocéntrica dedicada a la rehabilitación y reinserción de personas que viven en situación de calle, desamparo y riesgo social.

El nombre de la organización, que ya está legalmente constituida, tiene origen en un versículo bíblico, Isaías 61-3 «Dios cambiará el luto y la ceniza en manto de alegría y los que hoy están desamparados serán llamados árboles de justicia», así explica su fundador.

Los líderes de la ONG, quienes iniciaron muy jóvenes con la loable labor, hoy son profesionales en diferentes áreas. Sin embargo, sus ocupaciones no los alejan del pacto que hicieron con el Señor, según lo expuso Banegas.

Ejemplo de ello es que durante la pandemia, los jóvenes continúan ayudando al prójimo y de acuerdo a lo expuesto por sus coordinadores, esta institución sin fines de lucro, entrega más de 300 raciones de comida al día.

La más reciente acción que realizaron fue el pasado fin de semana, tras alimentar a más de 150 personas que residen en las cercanías de 12 vertederos de desperdicios a lo largo de la capital.

«Son de los nuestros, son hondureños y son personas», manifestó la voluntaria y miembro de la organización, Marilud Gutiérrez Estrada.

Noé Banegas, fundador de Árboles de Justicia.

Financiamiento

La fundación es un programa de autosostenibilidad encargado de ejecutar y administrar todos los proyectos sustentables, para que la ONG se ayude a sufragar sus gastos operativos y de inversión, mediante un adecuado manejo financiero del retorno de las inversiones efectuadas.

De esa forma, acumulan un fondo rotativo propio, a partir de los cuales pueden sostenerse.

Arboles de Justicia se dedica a identificar un subconjunto de actividades que pueden ser administradas con criterios de rentabilidad, sabiendo que hay otras actividades que no podrán seguir tal criterio, por lo tanto no serán auto sostenibles.

Con ese programa se pretende ayudar a cada persona del citado proyecto; empoderando sus capacidades, apoyando sus ideas y reforzando sus habilidades.

Asimismo, brindan rehabilitación por medio de la formación y ofrece oportunidades de trabajo y emprendimiento reales, no discriminatorias y posibles según su capacidad.

Testimonios

Glenn Matamoros, es un joven que desde pequeño cayó en las drogas debido a la inestabilidad y abuso al que era sometido en su núcleo familiar. En la actualidad, forma parte de los jóvenes que Árboles de Justicia, organización que le ayudó a restaurarse espiritual y socialmente.

«Mi papá me golpeaba, y como no tenía a dónde ir, busqué la calle y fue ahí cuando inicié a ingerir tiner, alcohol, marihuana y piedra. Para ese entonces tenía unos siete años. Yo iba a robar para comprar mi droga», relató Glenn.

A renglón seguido, expuso que «seguí en la calle, hasta que un día conocí a Noé y gracias a él conocí más de Dios y pude cambiar mi vida. Me puse a estudiar y reubicar mi vida», concluyó.


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