Ganaderos de Olanchito

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Mario Berríos

La ganadería es una actividad económica de origen muy antiguo, la cual consiste en el manejo de animales domesticables con fines de producción para su aprovechamiento. En el Día del Ganadero y Agricultor de Olanchito, 12 de septiembre, es preciso recordar que Olanchito ha sido punta de lanza en el rubro ganadero. En todas las comunidades del municipio de la Ciudad Cívica, los habitantes son agricultores y ganaderos, además de poetas, escritores y cuentistas, rara combinación de hombres del campo, armas y de intelectuales. Bañado por ríos como el Aguán Yaguala, San Marcos y Uchapa, el Valle del Aguán ha sido siempre el segundo pulmón productivo después del Valle de Sula. En Olanchito pueden apreciarse varias especies de ganado y productos derivados del campo.

Los ganaderos, profesionales encargados directamente del desarrollo de la producción animal y los agricultores, son un bastión importante en el desarrollo de la región y del país. Allí se han acuñado formulas propias de queso y mantequilla, por ello no es extraño que un habitante, en cualquier latitud de Honduras, solicite en un puesto de venta lácteos originarios de Olanchito.

La simbiosis de la ganadería con la agricultura ha dado sus mejores frutos en estas tierras de Jacobo B. Cárcamo, Ramón Amaya Amador, Armando García, Heber Sorto, las familias Meléndez, Durán, Martínez, Puerto, Quesada, Agurcia, Hernández, Castro, y miles más…. Como en todo mercado, a veces la ganadería se vuelve más rentable que la agricultura, porque permanecemos en una  relación constante de precios y sus vaivenes. Por supuesto los sistemas integrados agrícola-ganadero tienen un futuro interesante y un presente muy halagüeño. Pero para competir en otros mercados, adonde apuntan algunos ganaderos olanchitenses, se requiere una estimulación significativa, a fin de producir mejor carne y leche para el consumo y para exportación.

El mercado internacional con el sello de Olanchito no debe ser un simple sueño, se pueden seguir los pasos de algunas comunidades argentinas que tienen su buen nombre en el mundo con su producto de alta calidad, estimado en los mercados mundiales. La sequía actual, provocará este año una merma de miles de terneros y por efecto escases de carne, leche y lácteos, pero se espera un buen período de parición en los próximos meses. La región de Olanchito necesita ser inyectada con estímulos gubernamentales y bancarios, sólo así podrán librarse del actual fenómeno de acaparadores o coyotes colombianos, quienes dan facilidades crediticias a un alto costo. Tecnificar con riego, heno para la época crítica y la protección del ambiente es un reto asumido por la directica comandada por Carlos Meléndez, actual presidente de la asociación de ganaderos y agricultores, donde se aglutinan los 16 CREL de la zona.

Si bien Olanchito es famoso por sus literatos, también lo es por su hermosa ganadería y agricultura, allí un ganadero carga arma, pero también un libro. En sus campos, en ese Aguán lejano, donde el sol con el prado y el libro son hermanos, deambula el ganado entre el valle, hondonadas y ríos. Cuando el vientre de Olanchito se aproxima al amanecer, aparece un hermoso caballo, un toro bravío o una vaca lechera. Es común entre los ordeñadores contar historias, narrar pasajes como el que yo les cuento, en esas noches negras o pintadas de claro por la luna, sin brisa o con el murmullo del viento, mientras se  escucha el quejido del arduo sol o de la noche fría. En los corrales, el berrido de los terneros o el mugido de las vacas se escuchan en la lejanía. Y ladran en coro los perros alertando la presencia de algo extraño en tanto persiguen al animal fugitivo. Hombres y mujeres aceleran su paso por las cuestas, donde inocentes animales salen al camino.

A paso sigiloso, embelesado con la maldad, una noche de estrellas adormecidas visita un corral el abigeo, quien de prisa se abalanza sobre un desprevenido y robusto ternero. Una bala encarnizada centellea en la oscuridad lanzada con tal puntería, que aquel cuatrero no tose y ahoga el último suspiro. Al siguiente día, el ganadero luce sus cueros en los postes y alambradas del corral como una señal de que es un celoso guardián, de su mujer y de sus bienes. Pese al modernismo de máquinas de transporte, la estampa histórica del ganadero, arriero o agricultor, evoca al clásico personaje de modestas costumbres e indumentaria (espuelas, caballo, sombrero, botas y pistola al cinto), trabajando de sol a sol y, de cuando en cuando, de tarde en tarde o de noche en noche, narrando —con atractivo literario o aspiración romántica— su colección de anécdotas y poemas sobre su vida, un fallecido, determinado vecino o hasta acerca de su propia madre.