CATRACHO EJEMPLAR | Fundación GC, golpeada por COVID y huracanes, pero no dejó de ayudar

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Fundación GC
Se creó luego del huracán Mitch, hace más de 20 años.

CORTÉS, HONDURAS. Fundación Gran Comisión (FGC), nacida allá por 1998, cuando el histórico huracán Mitch azotó con fuerza territorio nacional y provocó millones de pérdidas, y desde entonces, no ha dejado de ayudar a personas a través de sus programas sociales enfocados, principalmente, en la salud y educación, que son dos de las áreas más débiles del país.

Podría decirse que FGC surgió a raíz de una tragedia nacional. La idea tuvo lugar en el corazón de la doctora Lul Janania, quien, conmovida por los estragos que provocó Mitch, coordinó brigadas médicas en comunidades urbanas y rurales desfavorecidas.

Fue parte de la Bolsa Samaritana y dedicó su vida a servir a los más necesitamos durante toda la primera década del nuevo milenio, hasta que en 2010, falleció. Pero su legado continúa intacto y ahora un grupo de bondadosos jóvenes está siguiendo sus pasos, apoyado por el cuerpo pastoral de la Iglesia Gran Comisión San Pedro Sula (IGCSPS).

Ya pasaron 23 años desde su creación, millares de familias beneficiadas, centenares de brigadas médicas desarrolladas, y quizás, 2020 fue uno de los más difíciles, pero a la vez, de los más satisfactorios, pues, a pesar de que FGC fue afectada directamente tanto por la pandemia como por las inundaciones provocadas por Eta e Iota, en ningún momento dejó de servir a las comunidades de las zonas norte y occidente, sino que, al contrario, se redoblaron los esfuerzos para cubrir más necesidades.

Por su ardua labor, compromiso y entrega desinteresada, la Fundación Gran Comisión, su equipo de trabajo y voluntarios son unos CATRACHOS EJEMPLARES, dignos de admirar y que vale la pena apoyar.

Conozca a FGC

Según Esther Mejía, coordinadora de operaciones, la Fundación sirve, además, como enlace de acercamiento entre la comunidad hondureña y la IGC, es decir, donde hay una Iglesia Gran Comisión establecida, se ejecutan proyectos sociales con la intención de impactar y transformar a la personas que allí residen.

¿Cómo se decide de qué forma ayudar?

Bueno, primero debe hacerse un estudio de campo para determinar cuáles son las necesidades de X o Y sector, y conforme a los resultados, se decide si apoyar para fortalecer la educación de la zona o el acceso a la salud en ésta.

Puede ser una imagen de 2 personas, niños, personas de pie, al aire libre y texto que dice "CDI, LOS CRUCES"

Por ejemplo, FGC ha desarrollado y mantiene aún activos tres Centros de Desarrollo Infantil (CDI) a lo largo y ancho del noroccidente del país: uno en La Lima, otro en Los Cruces y el último en La Entrada, Copán. Allí, a los niños de escuelas públicas, de primero a sexto grado, se les da refuerzo de sus clases, se les instruye en valores cristianos y además gozan de un almuerzo todos los días. Como agregado, reciben donaciones de útiles escolares, productos de higiene personal y hasta insumos para sus familias, ya que la mayoría es de muy escasos recursos.

Y si la mayor necesidad en una comunidad es la salud, entonces, FGC realiza con regularidad brigadas médicas gratuitas, a veces con doctores voluntarios y locales, y en otras ocasiones, con personal de la Bolsa Samaritana.

Brigada médica de Odontología | Foto FGC

En la comunidad de Los Cruces, Cortés, cercana a Baracoa, debido a la gran demanda de personas sin acceso a un centro de salud u hospital, la Fundación Gran Comisión inauguró la Clínica Médica Dra. Lul Janania, en donde brinda consulta general y también se atiende a personas hipertensas y con diabetes, muy bien equipada y dotada de medicamentos. Pero, lamentablemente, ésta quedó bajo el agua en noviembre de 2020 y aún no ha sido restaurada.

«La infraestructura interior colapsó, perdimos todo. Entonces, ahorita sólo estamos llevando brigadas médicas, para siempre darle seguimiento a los pacientes«, destacó Mejía.

Inauguración de clínica en Los Cruces en 2019.

2020, un año de muchas oportunidades para servir al prójimo

La pandemia

FGC ha sido golpeada por la pandemia, ya que la recolección de fondos vía donaciones disminuyó considerablemente. Lo que sí aumentó fueron las penurias entre la población de Honduras, pero las ganas y la buena voluntad de continuar sirviendo a pesar de los problemas económicos, también.

«Creamos un ‘proyecto de alivio para el COVID-19’. Tuvimos atención médica gratuita de forma virtual, por videollamadas y teléfono, y también brindábamos oxígeno y medicamentos a los pacientes. Luego desarrollamos un programa de alimentación, del cual, a 415 familias se les entregaba provisiones cada quincena. Los fondos para hacerlo salieron, en un 80 % de la iglesia local (SPS) y de hermanos en Tegucigalpa«, dio a conocer Mejía.