Opinión de Francisco Tosi: El escándalo de los cuadernos y su daño colateral en Argentina

194
Francisco Tosi, economista.

Por Francisco Tosi. -La Argentina está transitando un tiempo alborotado. Parece ser que un remisero que rutinariamente registraba el origen y destino de sus viajes con el objeto de fijar los kilómetros recorridos, luego a facturar, en algún momento, consideró mejor abundar en detalles poniendo nombres, apellidos y bolsos que transportaba.

Inclusive su curiosidad creció y explorando el contenido de los bolsos descubrió que era dinero. Por caminos entreverados copia de esa documentación terminó en manos de un fiscal y un  juez y desde allí, en poco menos de un mes, el efecto bola de nieve llevó decenas de empresario de la obra pública y funcionarios del penúltimo gobierno a declaraciones e indagatorias judiciales.

Varios de ellos se declararon arrepentidos. Las leyes no son tan elásticas como la moral o las costumbres y al arrepentido le fijan obligaciones. La principal es informar delitos y responsables. Ocurrió en Italia, en Brasil, en Perú y con las diferencias de cada caso, ahora en Argentina.

Esto se ha reproducido en todo el mundo como el escándalo de los cuadernos. Inclusive en la Argentina se titula con la marca de esas libretas. Por unas de esas ironías de la historia la marca es “gloria”.

Todo el ambiente político está embarullado con esto y no se conocen aún los alcances y responsabilidades de este asunto. Pero hay un aspecto que quiero remarcar. Este caso como tantos otros con los que parecemos convivir tienen dos puntos en común.

El primero es que al alumbrarse aparecen múltiples opiniones de supuestos expertos que declaran que era un secreto a voces. O sea todos los bien informados sabían que había un nivel de corrupción en la cosa pública, no solo desde ahora sino desde siempre. Muy sueltos de cuerpo declaran que lo de ahora es solo una cuestión de grado o sea de dimensión y de organización.

No lo sé. Pero de inmediato se me ocurre la pregunta: ¿habrá mas así? ¿Cosas que supuestamente muchos saben pero no cambian hasta que explota el escándalo? Pues no lo sé, pero ahora de todo sospecho. Muchos conmigo. O sea, hemos instalado la sospecha. Esta es enemiga de la confianza.

La confianza es la participe necesaria para la inversión, el  buen funcionamiento de las empresas, el exitoso desempeño de la economía. Así el primer punto es que generamos aun mayor desconfianza que la que teníamos.  En consecuencia ahora es esencial ir hasta el fondo y aprovechar para desactivar todos estos mecanismos, si están ciertos que hay otros. Cirugía necesaria para recuperar la confianza.

El segundo punto es más sociológico pero mucho más importante. Existen los que se llaman contratos sociales. Uno de ellos dice que a los que nos toca la zona media  o peor aún la baja de la pirámide económica se debe a que nuestra capacidad  no es tan buena como la de los que ocupan la zona alta.

Ellos se dan los lujos que nosotros no podemos. Cuidan su apreciada salud con los mejores elementos, equipos y medicinas, reposan sus fatigas en cómodas viviendas, disponen de holgados recursos para educar a sus hijos, y así lo que imaginemos. Pero eso obedece a que son los mejores. Los cargos de altos ejecutivos son cubiertos según idoneidad así como los más altos cargos públicos.

Si en cambio resulta que las licitaciones se adjudican a dedo y dólar, los cargos se ocupan según los más hábiles para el pasamano o el bajo sobre, tengan o no formación, moralidad o ética, el contrato tambalea. Si el contrato tambalea se pierde la confianza, si se pierde la confianza, cada mañana al levantarnos nos sentimos explotados y abusados por bandas. Eso, sin duda es mucho más grave que el impacto del punto anterior, el del mal desempeño de la economía. Esto vulnera los contratos sociales.

Entonces empiezo a dudar por qué a mí me hacen transpirar la brocha gorda para levantar el peso y otros transpiran dólares por minuto. La duda en el contrato social no es un daño colateral sino central.

Francisco Tosi

franciscojose,tosi@gmail.com