FAO y seguridad alimentaria

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El gobierno ha firmado un convenio con la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) con la finalidad de integrar los programas respectivos para “promover el desarrollo inclusivo y equitativo del país”.

Este convenio, como todos los actuales, tiene un nombre sugestivo, Marco de Programación de País (MPP), y supone el cumplimiento de los compromisos establecidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que, dicho sea de paso, nunca se cumplen.

El MPP se remite a la asistencia de la FAO en cuatro áreas estratégicas: seguridad alimentaria, nutricional y agricultura familiar; desarrollo empresarial y financiero rural sostenible con enfoque de género; gestión de recursos naturales y adaptación al cambio climático; y gestión de riesgo de desastres y resiliencia.

Este conjunto de objetivos se asemeja a las necesidades del país, y, por supuesto, en consonancia con la retórica gubernamental de incansable propaganda: Plan para una Vida Mejor, Plan Nación, etcétera, etcétera. Los resultados, que se miden a mediano y largo plazo, son otra cosa, justamente  vinculados al aumento progresivo de la desigualdad y la pobreza.

Desde hace bastantes años se viene impulsando proyectos de desarrollo en materia agropecuaria y agroindustrial dizque para cumplir con la seguridad alimentaria y la exportación de excedentes agrícolas, pecuarios y frutos del mar. Pero, en realidad, no ha habido políticas de Estado coherentes para crear la seguridad alimentaria, sino lo contrario, todo ello nimbado de basta demagogia.

Honduras hoy día es un país colapsado, principalmente en lo que importa a la producción alimenticia. Ha habido un cambio abismal en este aspecto a partir de 1990, como resultado de la adopción del modelo económico neoliberal en la administración Callejas Romero (N, 1990-1994) que desarticuló todo el andamiaje de la producción agropecuaria que funcionaba con aceptable eficiencia.

El avance intensivo del modelo económico neoliberal –y no por casualidad—ha corrido aparejado al incremento brutal de la pobreza y la desigualdad social. En cuanto a la seguridad alimentaria, hoy día Honduras importa por lo menos el 70% de los alimentos básicos (granos, lácteos y carnes) que consume nuestra población.

Los programas, convenios, asistencias internacionales y demás en materia agroalimentaria, acompañados de nombres rimbombantes y de metas luminosas, quedan en lindas promesas imposibles de cumplir por la sencilla razón de que son meros paliativos, cuya finalidad real es enmascarar el inevitable curso de explotación y despojo que caracteriza al sistema económico neoliberal.